Este proyecto consiste en un conjunto de obras e inversiones orientadas a modernizar ferrocarriles, oleoductos, gasoductos, puertos, redes eléctricas y la infraestructura digital que vincula el noroeste argentino y la cuenca energética de Vaca Muerta con los puertos atlánticos y los mercados de Occidente. La iniciativa fue presentada el 23 de septiembre en Nueva York, y la visita actual representa una etapa clave para su implementación.
Para comprender mejor su alcance, es fundamental analizar sus componentes, el presupuesto estimado y las entidades involucradas.
El Corredor Andes-Atlántico es un esfuerzo conjunto destinado a fortalecer y modernizar la infraestructura que interconecta las áreas económicas más relevantes de Argentina con los puertos atlánticos y los mercados occidentales. Según el comunicado oficial, esta iniciativa forma parte del compromiso de ambos países con la seguridad y la prosperidad en el hemisferio occidental, así como en sus cadenas de suministro estratégicas.
Desde el Departamento de Estado se indicó que el propósito es atender la creciente demanda de los sectores energético y minero en Argentina, al mismo tiempo que se busca reducir los cuellos de botella en el transporte y la energía. Un cuello de botella se refiere a aquellos puntos en el trayecto que limitan la capacidad de traslado de producción, como pueden ser vías férreas insuficientes o puertos con alta demanda.
El corredor tiene como objetivo conectar dos regiones: el noroeste argentino, rico en minerales críticos, y la cuenca energética de Vaca Muerta, ubicada en Neuquén. Estas áreas estarán interconectadas a través de ferrocarriles, oleoductos, gasoductos, infraestructura portuaria, eléctrica y digital.
El nombre del proyecto refleja esta intención: se origina en la región andina, donde se encuentran los recursos, y culmina en la costa atlántica, desde donde estos pueden ser exportados a otros mercados.
El acuerdo prevé inversiones de hasta 7.000 millones de dólares, que se destinarán a obras de infraestructura hasta 2027. La mayoría de la financiación se asigna a proyectos energéticos, aunque también abarca minería, transporte y telecomunicaciones.
Aproximadamente 6.000 millones de dólares del total se destinarán a Argentina LNG, el proyecto de exportación de gas de Vaca Muerta liderado por YPF, la empresa italiana ENI y XRG de Emiratos Árabes Unidos. Esta iniciativa, con un valor total de 51.000 millones de dólares, marca la mayor inversión en la historia del país. La financiación para esta parte contará con el respaldo del Exim Bank y de la DFC.
El documento también menciona otros proyectos en el sector energético, como AMBA I, que se centra en el transporte de energía eléctrica. Las inversiones en generación y transmisión están orientadas a aumentar las exportaciones de petróleo y gas.
En el ámbito del transporte, ambos países buscarán identificar obras prioritarias para rehabilitar y expandir ferrocarriles, vías navegables y puertos. El documento incluye referencias a la Hidrovía, el sistema ferroviario que se privatizará, como el Belgrano Cargas, y otras líneas, tales como una que podría conectar Vaca Muerta con Bahía Blanca. Las empresas estadounidenses tendrán la posibilidad de participar en las licitaciones o actuar como subcontratistas.
El aspecto digital del acuerdo incluye el apoyo para la implementación de tecnologías seguras y la colaboración en la seguridad de plataformas y equipos de control aduanero. Entre los proyectos mencionados se incluyen la expansión de telecomunicaciones, iniciativas de Arsat, cables submarinos y fibra óptica.
Este corredor se apoya en el Acuerdo Marco de Minerales Críticos firmado por ambas naciones, cuyo objetivo es identificar oportunidades para fortalecer la minería y el tratamiento de estos recursos, asegurar las cadenas de suministro y promover su diversificación a nivel global. Se han destacado el litio y el cobre, así como el petróleo y el gas, entre los recursos cuyas cadenas se pretende robustecer.
Este componente tiene su correlato en la visita actual, que incluirá una actividad en Jujuy centrada en el litio, donde un representante participará de un panel sobre la relación estratégica entre Argentina y Estados Unidos y la seguridad en el suministro.
Desde el lado estadounidense, el acuerdo habilita el uso de herramientas de financiamiento, desarrollo y asistencia técnica de la DFC, el Exim Bank y la Agencia de Comercio y Desarrollo de Estados Unidos, además de la participación del sector privado estadounidense. Entre los instrumentos disponibles se encuentran préstamos directos, garantías de préstamos y productos de seguros, diseñados para movilizar capital, equipos y servicios provenientes de Estados Unidos.
El canciller Pablo Quirno indicó que el Exim Bank “financia proveedores estadounidenses” para su participación en los proyectos que se llevan a cabo en Argentina. Según explicó, “el país no necesita financiamiento como tal”, sino que se busca crear un entorno propicio para que entidades como ese banco respalden a empresas que anteriormente no se aventuraban a ingresar al mercado argentino.
Argentina, por su parte, se compromete a seguir fortaleciendo su marco legal y regulatorio, así como a garantizar la protección de las inversiones, ofreciendo un conjunto de normas claras, predecibles y efectivas para las concesiones de infraestructura. El Departamento de Estado habilitó como respaldo el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones, que brinda beneficios fiscales, comerciales y cambiarios a largo plazo para proyectos de gran magnitud en sectores priorizados.
El Corredor Andes-Atlántico es parte de la Asociación del G7 para la Infraestructura y la Inversión Global y, de acuerdo al Departamento de Estado, representa el primer proyecto de esa alianza en el hemisferio occidental. Además, se integra a otros corredores impulsados por el gobierno estadounidense, que conectan India, Medio Oriente y Europa; la Ruta Transcaspiana en Asia Central y el Cáucaso; el Corredor de Lobito en África subsahariana; y el Corredor Económico de Luzón en Filipinas.
La presentación del acuerdo ocurre en un contexto donde el conflicto en Medio Oriente impacta en el transporte de energía a través de los estrechos de Ormuz y Bab al-Mandab. En este marco, Quirno destacó que las cadenas de suministro y de valor han cobrado una relevancia inusitada en los últimos treinta años, lo que lleva a los gobiernos a definir “quiénes son los países amigos y afines” con los que asegurarán el suministro.























