El deterioro no se debe a una caída generalizada de los ingresos, sino a que el gasto comenzó a crecer de manera más acelerada que la recaudación. Aunque los ingresos totales aumentaron un 3,4% real interanual, el gasto público total avanzó un 6,9%, mientras que el gasto primario creció un 6,8%.
Como resultado, el superávit primario de $4,8 billones registrado en 2024 se transformó en un déficit de $380.000 millones en 2025.
En lo que respecta a la recaudación impositiva, hay señales preocupantes: los Ingresos Brutos, que son el impuesto más importante y se obtienen de la facturación empresarial, dejaron de crecer. Este impuesto ha cedido protagonismo a otros tributos indirectos que pueden resultar igualmente distorsivos.
El análisis revela que el resultado fiscal consolidado de las provincias pasó de un superávit de $2 billones en 2024 a un déficit de $3,6 billones en 2025. En términos relativos, esto significa que el déficit fiscal equivale al 2,1% de los ingresos provinciales totales y al 0,33% del Producto Bruto Interno (PBI).
La situación refleja un problema clásico de las finanzas subnacionales: gran parte del gasto provincial es rígido. Los salarios, las jubilaciones provinciales, las transferencias corrientes y el funcionamiento del Estado concentran una porción significativa de los gastos.
El Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) señala que el gasto en personal representó el 43% del incremento real del gasto primario. Las prestaciones de seguridad social aportaron un 18% y la inversión real directa un 19%. De este modo, salarios y prestaciones previsionales acumulan cerca del 61% del aumento real del gasto primario.
Históricamente, Ingresos Brutos ha sido el motor de la recaudación provincial, representando casi el 80% de los ingresos tributarios propios. Sin embargo, en 2025 dejó de contribuir al crecimiento real, con una caída del 0,3% en términos reales en medio de un aumento general de ingresos tributarios propios del 3,6%.
Este cambio es significativo, ya que indica que el aumento de recursos no proviene del principal impuesto provincial. La lectura fiscal es clara: si el impuesto más relevante se estanca y el gasto continúa creciendo más rápido que los ingresos, las provincias se verán forzadas a buscar nuevas fuentes de recaudación o a mejorar la administración tributaria.
El crecimiento de la recaudación provincial se ha sostenido en otros tributos, con Sellos mostrando un aumento real del 28,7%, seguido por Automotores con 21,8%, e Inmobiliario con 11,7%. A diferencia de Ingresos Brutos, que depende del nivel de actividad económica y facturación, estos impuestos están más relacionados con operaciones registradas, activos patrimoniales o bases imponibles actualizadas.
El informe del IARAF no sugiere que las provincias hayan decidido trasladar intencionadamente la presión fiscal a otros impuestos, pero los datos indican que esta tendencia ya es visible en 2025. Las consecuencias pueden ser diferentes según el tipo de contribuyente. Para las empresas, el impuesto sobre Sellos podría encarecer contratos y operaciones financieras, mientras que para las familias y los propietarios, impuestos como Automotores e Inmobiliario impactan sobre bienes registrales.
Para las provincias, estos tributos son herramientas que permiten compensar parcialmente la pérdida de dinamismo del impuesto principal. Incrementar la dependencia de impuestos patrimoniales, transaccionales o de fiscalización podría intensificar las diferencias entre jurisdicciones, afectando a las empresas de manera diferenciada dependiendo de la situación fiscal de cada provincia.
























