Generalmente, se espera que los entrenadores expresen su descontento, hagan reclamos y se quejen. Sin embargo, Guillermo Barros Schelotto se presenta como una excepción notable. Lo habitual es que un director técnico solicite tanto refuerzos en cantidad como en calidad, mientras que la dirigencia se enfrenta a la falta de recursos en el club. A medida que avanza la pretemporada y comienza el torneo, la falta de incorporaciones se convierte en un punto de discusión, y es común que el entrenador ofrezca explicaciones para el funcionamiento no deseado del equipo. La queja surge de quien debe liderar al plantel y se extiende entre los hinchas, aunque en el caso de Barros Schelotto, la presión desde la tribuna se siente atenuada. Rodolfo Arruabarrena fue claro en su deseo de un delantero para su Boca, mientras que Eduardo Coudet subrayó que al millonario libro de pases de River deberían incorporarse tres o cuatro jugadores más. Juan Pablo Vojvoda afirmó que Racing debería entrar nuevamente al mercado ante la posible venta de Santiago Sosa. Por su parte, Néstor Gorosito no podía pretender que San Lorenzo estuviera completo, y Frank Kudelka, cuya representación insinuó una posible salida de Newell’s por negociaciones fallidas, estaba en la misma línea. Gustavo Quinteros se mostró reacio a continuar hablando de los refuerzos no concretados en Independiente, aunque advirtió que tendría que reemplazar a Kevin Lomónaco con dos jóvenes de 17 años. Después de una derrota ante Vélez, su técnico decidió hacer dos cambios, también introduciendo a otros dos chicos de la misma edad. Cuando Barros Schelotto dirigía a Boca, resaltaba la frecuente titularidad del uruguayo Rodrigo Bentancur, quien, a pesar de tener un futuro prometedor, no había logrado demostrar su potencial en primera división hasta esa temporada 2016/17. En una reciente intervención en radio La Red, Guillermo compartió una anécdota que ilustraba su método de motivación: ‘Le había prometido que jugaría veinte partidos seguidos’. Esta táctica no fue improvisada; se inspiró en lo que tanto él como Martín Palermo aprendieron de Carlos Bianchi durante el inicio de su etapa dorada. Esta experiencia personal generó confianza en el jugador, aunque no siempre un técnico tiene expectativas con un Guillermo de 25 años y un Palermo de 24. No se puede garantizar la misma continuidad para todos los que muestran potencial. En la actualidad, Barros Schelotto sabe que la mejor opción al reemplazar a cualquiera de los titulares es optar por un jugador consagrado o uno de las divisiones inferiores. Dado que Vélez no puede permitirse la incorporación de un refuerzo estrella, los talentos surgidos de La Fábrica de Liniers se han vuelto cruciales. Ante la salida de Tobías Andrada, su lógica fue clara: ‘No puedo tapar a Luca Feler’. Así, sustituyó a un jugador de 19 años por uno de 18, a quien en el semestre anterior había relegado al banco. Tras la marcha de Braian Romero y Florián Monzón, se interesó en Tiziano Perrotta, un centrodelantero joven de Banfield. A su vez, le dio oportunidades a Thiago Aguirre, un talentoso de 17 años que, en sus breves intervenciones, proporcionó asistencia y anotaciones clave para asegurar triunfos. La incertidumbre permanece: si los jóvenes logran llevar al equipo al éxito mientras los veteranos luchan por lo más alto, es algo por verse. De momento, el club puede realizar operaciones que sostienen su estructura multidisciplinaria sin que el técnico sienta una creciente impaciencia. La experiencia brinda seguridad y estabilidad. Cuando supo que tendrían que enfrentarse a Boca en Huracán y no en la Bombonera, no vio una ventaja, sino que expresó su desilusión, deseando que sus jugadores pudieran competir ‘donde tantos quieren jugar’. Durante su tiempo fuera del banquillo, él y su hermano desestimaron diversas ofertas, incluyendo las de Independiente, Racing y San Lorenzo. Esperaban una oportunidad que ofreciera ambición y potencial para desarrollar talentos. También surgieron especulaciones sobre su posible candidatura para Boca en octubre de 2024, cuando fue elegido Fernando Gago. No obstante, esas conjecturas no se materializaron; razones de relación interpersonales hicieron que nunca fuera tomado en cuenta seriamente por la gestión liderada por Juan Román Riquelme. En lo que respecta al autocontrol, los Barros Schelotto deberían moderar alguna vez sus reacciones frente a los árbitros. Aunque su espontaneidad suele resultar entretenida, sería beneficioso ponerse en el lugar de quienes reciben sus comentarios. Se mantienen firmes en su filosofía de equipos que ‘juegan a atacar’, según definió Guillermo hace años. A pesar de que al inicio su estilo generó recelos por sus chispazos en partidos contra Gimnasia, hoy en día ha ganado el reconocimiento de dirigir un equipo competitivo con un claro sentido de pertenencia. Las opiniones del público pueden cambiar rápidamente, acompañando los altibajos de los resultados. Incluso hubo críticas tras una pronta eliminación en un torneo anterior. Sin embargo, con el tiempo, los argumentos sólidos prevalecen. La astucia bien empleada se aprecia. El conocimiento se destaca y el esfuerzo da sus frutos.
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