Conocido como Bottle Schools, el proyecto emplea botellas PET llenas de bolsas, envases y otros desechos plásticos para fabricar los llamados ecoladrillos. Este material se incorpora en las paredes de las aulas, sustituyendo parte de la mampostería tradicional.
De este modo, la propuesta no solo aborda la construcción de infraestructura educativa, sino que también implica a las comunidades locales en la recolección y preparación de los materiales.
Las botellas no se utilizan vacías ni son las únicas responsables de la estructura del edificio. Primero, se rellenan con residuos plásticos hasta conseguir una consistencia firme. Posteriormente, los ecoladrillos se colocan dentro de una malla que los mantiene en su lugar.
Sobre esta base se aplica cemento y revestimiento, logrando que las botellas queden completamente ocultas al finalizar la construcción. A simple vista, las aulas presentan un aspecto similar al de cualquier edificio convencional.
La estructura también requiere cimientos, columnas y vigas de hormigón reforzado, lo que significa que el sistema no elimina el uso de materiales tradicionales, sino que los ecoladrillos se emplean para reemplazar parte de los bloques o ladrillos en las paredes.
Esta experiencia en Granados forma parte de un proyecto más extenso. Según la organización Hug It Forward, desde 2009 se han construido 125 escuelas con este método en diversas comunidades rurales de Guatemala.
Además de ofrecer una alternativa constructiva, el proyecto procura involucrar activamente a los habitantes de cada comunidad en la recolección de residuos, iniciando así el proceso antes de levantar las paredes: los envases y materiales plásticos son reunidos, limpiados y preparados para transformarse en ecoladrillos.
El método no elimina la necesidad de cemento, acero, herramientas o mano de obra especializada, pero sí permite integrar residuos que, de otro modo, carecerían de un uso útil.
Esta iniciativa busca abordar simultáneamente dos necesidades: la edificación de espacios educativos y la reutilización de residuos plásticos.
Miles de botellas, bolsas y envoltorios que podrían haber terminado acumulados en calles, terrenos o cursos de agua se convierten en parte de las paredes de las escuelas. La participación de estudiantes, familias y voluntarios transforma el proceso en una experiencia de educación ambiental.
Así, los ecoladrillos no solo aportan al cerramiento de las aulas, sino que también evidencian cómo ciertos residuos pueden reinsertarse en un ciclo útil al ser integrados en proyectos de infraestructura.
La iniciativa transforma el reciclaje en una herramienta para involucrar a las comunidades y, al mismo tiempo, contribuir a la creación de espacios destinados a la educación.




























