La epidemia de 2023 ocasionó una reducción del 60% en la colonia de la Península Valdés, según investigaciones realizadas en conjunto entre una organización de conservación y científicos del Conicet, que también documentaron el fallecimiento del 97% de las crías durante ese año.
A raíz de esta drástica disminución, la población que entre primavera y verano se reproduce en la Península Valdés ha sido reclasificada, pasando de “de preocupación menor” a “en peligro de extinción”, conforme a los criterios de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
La primera fase del censo en curso abarca la península y otras tres áreas periféricas. Esta tarea se lleva a cabo con la ayuda de equipos de censistas y drones. Un grupo de aproximadamente 20 personas ha sido movilizado para recorrer kilómetros de playas, cañadones y acantilados.
Realizar el censo de elefantes marinos exige no solo destrezas científicas, sino también físicas, ya que los censistas deben transitar terrenos complicados durante jornadas que pueden abarcar hasta 12 kilómetros. Además, es fundamental familiarizarse con el área y sus peligros, como el riesgo de derrumbes en los acantilados.
Cada equipo de trabajo generalmente se compone de dos censistas: uno principal y otro secundario, quienes registran digitalmente y en papel cada ejemplar avistado como respaldo de datos. En el terreno a censar, los equipos observan que los elefantes marinos forman harenes, generalmente liderados por un macho adulto o alfa, que puede dirigir grupos que llegan a incluir a cientos de hembras. La identificación visual entre machos y hembras se logra observando la trompa del animal o esperando a que se muestre de costado. “La especie tiene un dimorfismo sexual muy marcado: los machos son mucho más grandes que las hembras y tienen, además, una trompa en su cara. Otra manera es mirar la panza, en donde el macho tiene la abertura para el pene. A veces, eso nos ha ayudado a diferenciar machos subadultos de hembras, que pueden parecerse”, comentó el director de conservación costero-marina de la organización, Valeria Falabella.
Cuando los censistas se encuentran ante un grupo de elefantes marinos, deben elegir un lugar desde donde resguardarse, asegurándose de que haya distancia suficiente para observar el harén y registrar datos contextuales como horario, condiciones meteorológicas y coordenadas geográficas. Posteriormente, se procede a realizar un análisis detallado: se contabilizan las hembras, se verifica la presencia de un macho alfa y si hay otros machos periféricos; se toman notas sobre los ejemplares destetados, ya que su presencia indica que una hembra ha estado en la playa y se ha retirado, así como sobre las crías que aún no están destetadas.
El conteo de ejemplares se lleva a cabo cada año bajo distintas condiciones meteorológicas. Falabella agregó que las jornadas de este censo han sido “inmejorables”, aunque en ocasiones previas se han enfrentado a situaciones de viento y lluvia. Mantener el censo es fundamental para obtener datos actualizados acerca de la población de elefantes marinos. Esto permite dimensionar el impacto de sucesos como el brote de influenza aviar en esta área de la Patagonia.
La investigadora destacó que el censo debe ser lo más exhaustivo posible y anticipó que los resultados, independientemente de su naturaleza, serán “muy importantes” para continuar construyendo el historial de esta especie emblemática del sur argentino. “La única manera de comprender el impacto de estos eventos es si uno tiene datos históricos sobre cómo está la población, cómo venía creciendo, si estaba estable. Es un montón de información clave para dimensionar el impacto de estos eventos, que van a ser cada vez más frecuentes”, aseguró.
La veterinaria Carla Fiorito, del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos, realizó análisis sobre los cuerpos de lobos y elefantes marinos varados en las costas de Chubut durante el brote de gripe aviar. Su investigación reveló que el virus afectó no solo las vías respiratorias de los animales, sino también el sistema nervioso y el corazón. Además, confirmó que hubo transmisión vertical de hembras preñadas a los fetos a través de la placenta, hecho que podría haber contribuido a la elevada tasa de abortos en las madres durante el brote.
El estudio también aportó información sobre cómo el virus afecta a elefantes y lobos marinos, permitiendo identificar su acción en diferentes órganos. Estos hallazgos son clave para la conservación de la fauna marina, ya que permiten evaluar el impacto del virus en las colonias.
La labor de Fiorito y sus hallazgos llevaron a que la Organización Mundial de Sanidad Animal convocara a la investigadora para colaborar en una guía internacional de respuesta frente a brotes en mamíferos marinos. Gracias al censo anual, luego del brote, se ha podido esclarecer el impacto preciso del virus en la colonia. En 2023, la población registró pérdidas significativas: el 97% de las crías y un número indeterminado de reproductores.
Falabella hizo hincapié en que, además de la pérdida de individuos, la población de elefantes marinos experimentó un impacto en su estructura social, ya que se observaron reducciones tanto en hembras adultas como en machos alfa. “Había machos jóvenes, que son reproductivamente activos pero en condiciones normales no logran acceder a las hembras”. Es relevante considerar que la identidad del macho alfa es crucial, dada la intensidad de las competencias entre machos adultos por establecer una jerarquía dentro de la colonia, que involucra luchas y rugidos que pueden ser percibidos a cientos de metros.
Un año después, se determinó que la mortalidad real de la población de hembras rondaba el 50%. Durante esta ocasión, la investigadora se mostró optimista al afirmar que no se registró un segundo brote y que las hembras supervivientes ya estaban pariendo y se encontraban saludables. “El temor era que no hubiera hembras preñadas”, recordó.
En 2025, el conteo trajo una sorpresa al mostrar un incremento en la cantidad de hembras en comparación con el año anterior, aunque la causa de este aumento aún no se ha esclarecido. La investigadora añadió: “Censamos siempre en el mismo período, coincidiendo con el pico de la etapa reproductiva. Tal vez la mortalidad no fue tan alta, las hembras no quedaron preñadas y regresaron en 2025”. “Este nuevo censo es crucial para conocer la cantidad total de hembras. La percepción es que asistimos a una población robusta que está en proceso de recuperación”, concluyó.



























