El periodista inicia preguntándole a Rossi acerca de si las proyecciones del Gobierno para el presupuesto del año próximo se alinean con las expectativas del mercado y si esta guía es más realista en comparación con la de 2026.
Rossi responde: “Los presupuestos siempre son estimaciones. Pueden ser conservadores u optimistas, y entiendo que el Gobierno ha decidido optar por un enfoque optimista. Me parece que se encuentra dentro de los rangos posibles. Si yo estuviese en el Gobierno, también adoptaría una postura optimista; ¿por qué debería ser pesimista? Cada vez que elaboro proyecciones, construyo tres escenarios: optimista, base y pesimista. Luego, debes elegir cuál mostrar. Esta vez han optado por el optimista, y no me parece mal”.
El periodista sigue cuestionando si Rossi coincide con sus propias proyecciones.
“No he realizado proyecciones para las variables que estima el Gobierno, así que no tengo con qué comparar”, responde Rossi.
El periodista menciona que el Gobierno anticipa un crecimiento de los salarios reales de alrededor del 3,6% para el próximo año, mientras que hay economistas que se preguntan de dónde podría venir ese impulso, dado el mercado interno golpeado y la pérdida de poder adquisitivo. Así, pregunta dónde podría vislumbrar esa recuperación.
Rossi contesta: “Es una excelente pregunta, porque los sectores que impulsan la economía son muy específicos: el energético, el minero, tal vez un rebote del sector agropecuario. No son sectores muy intensivos en mano de obra. Esa es la clave. Lo que sucedió es que el salario real ha venido cayendo, y un rebote puede darse de manera natural. El sector público ya comenzó a aumentar los salarios. Cuando yo estaba en el Gobierno, estaban completamente congelados”.
Entonces, el periodista indaga más al respecto: “¿Congelados del todo?”
“Cero por ciento. Pasé un año y medio con el salario congelado, con una inflación del 18% o 20%. El salario real, sin lugar a dudas, se reducía. Pero cuando se decide aumentar, el incremento no se basa en la inflación proyectada: se entrega más, ya que se considera el acumulado. No tuve la oportunidad de beneficiarme porque ya me había ido, pero el aumento fue mucho más allá de la inflación. Cuando hay un desfase grande, es normal que luego se produzca un rebote. En el sector público lo aprecio claramente, así como en los sectores que están impulsando la economía. Sin embargo, en la industria es más complicado porque actualmente no está funcionando bien”.
Más adelante, el periodista menciona que en Argentina, históricamente, los presupuestos se adaptan a las necesidades de los años electorales. Asegura que este parece responder más a las bases del programa que Milei ha defendido, desde el inicio. Pregunta si eso es valioso y sustentable para los mercados.
Rossi indica: “Después de haber interactuado mucho con el Presidente, mi impresión es que hay lineamientos que no cambiará, ni en un año electoral. Me sorprendería mucho si decide liberar el gasto. Javier realmente está convencido del equilibrio fiscal. La gente puede sorprenderte; hablo desde lo que he conocido de las personas. Sin embargo, en mis interacciones con él, he notado que está dispuesto a asumir costos políticos a corto plazo por cuestiones en las que cree. Tal vez no realice un gran recorte, dependiendo de cómo continúe manejando el gasto, pero me costaría creer que permita que el gasto se dispare”.
El periodista lo interroga sobre si, más allá del Presidente, percatándose de la situación, ve margen para liberar un poco el gasto.
A lo que Rossi responde: “No, no lo creo. La señal que necesitamos ofrecer durante varios años es la señal fiscal. Argentina la requiere, y sería muy fuerte cuando la presente alguien que no sea Milei. Hablo a largo plazo, pero estoy convencido de ello”.
Con un cambio en la temática, el periodista pregunta cómo, bajo restricciones monetarias y fiscales tan pronunciadas, puede surgir el crecimiento.
“Me he cuestionado muchas veces sobre de dónde provendrá el crecimiento y lo hemos discutido un montón con colegas. La economía es sumamente compleja; son millones de variables en movimiento y resulta complicado aseverar que ‘llegará por aquí o por allá’.
Te comparto mi análisis: para que haya un empuje de crecimiento, que en algún momento necesitaremos para salir de esta situación, una condición absolutamente necesaria es el orden macroeconómico. ¿Ahora bien, es suficiente? No. Por eso mi visión es bastante pesimista. Lo que solía decir Macri, ‘ordeno y llegan los brotes verdes, las inversiones’, ya aprendimos que eso no es cierto. No se trata de simplemente ordenar y esperar a que ocurra un crecimiento endógeno”.
La conversación se va desdoblando y el periodista le recuerda que lo decía Macri, y que Milei también sostiene lo mismo.
“Sí. Existía la hipótesis de que la disminución de la inflación provocaba crecimiento de manera directa. Tuve discusiones sobre este punto con Federico (Sturzenegger) y otros colegas convencidos de tal afirmación. Sin embargo, creo que estos supuestos han demostrado ser falsos. En muchos procesos históricos, observas que el orden macro y el crecimiento provienen de la mano, pero no hay causalidad: el orden es una condición necesaria. Si no hay orden, tampoco habrá crecimiento, y observarás esta correlación una y otra vez. Actualmente, el país lleva dos o tres años trabajando en el orden de su macroeconomía, y esperemos que eventualmente llegue el crecimiento. Pero no vendrá solo”, reitera Rossi.
Más tarde, el periodista le pregunta: “Es decir, el orden macro debe ser una condición previa para el crecimiento, pero ¿cómo puede potenciarlo?”
Rossi considera que hay factores aleatorios que no dependen de uno mismo. “De repente, una sequía excesiva en EE. UU. puede disparar el precio de la soja y, si no tienes un orden, no podrás aprovecharlo. No quiero ahondar en historia, pero el gobierno de Néstor Kirchner tuvo un contexto muy favorable, y el país no supo aprovecharlo. Con una macro ordenada y un gobierno como el presente, ese viento de cola podía traducirse en una década de crecimiento, posiblemente en una espiral del mismo. Argentina está atravesando un proceso de saneamiento, y eso permitirá que se aproveche el momento en que se presenten las condiciones adecuadas”.
El periodista menciona que, a pesar de que el PBI mostró un aumento interanual entre abril y junio, cayó un 0,6% en relación al trimestre anterior, mientras que el consumo privado, el consumo público y la inversión han retrocedido, y el desempleo se ha elevado al 7,9%. También destaca que, en agosto, la inflación se moderó. Pregunta cómo se interconectan estas dos realidades.
Rossi comenta: “No es una situación complicada. La economía se está reacomodando hacia sectores que no eran los tradicionales impulsores. Ya no son la industria automotriz ni la textil, que generan mucha mano de obra. Los que ahora están creciendo son la energía, el agro y la minería. Aumentan considerablemente y, en conjunto, la economía crece, pero no generan una gran cantidad de trabajo”.
El periodista reflexiona sobre la diferencia entre las dinámicas de las ciudades y el resto del país: “Si lo que impulsa el crecimiento es la energía o la minería, las personas de las ciudades no experimentarán un cambio inmediato en su bienestar, porque no hay presencia de esos sectores allí. A mediano plazo, deberían aparecer los beneficios”.
A continuación, el periodista plantea si en este contexto se puede incluir un impulso a sectores intensivos en mano de obra.
Rossi responde: “No lo veo factible. La política es así: un día el Presidente se despierta y decide cambiar el rumbo. No obstante, nunca vi a los programas de desarrollo como parte de su agenda. La suya se centra en organizar la macro, convencido de que esto producirá buenos resultados. Estoy de acuerdo con ello a largo plazo. A corto plazo, hay problemas: si abres la economía, reduces la inflación y dejas que operen los precios relativos, los costos de los servicios públicos aumentan y entran productos chinos.
Esto es un análisis objetivo, no normativo. Si me preguntas cómo creo que serán las cosas o cómo deberían ser, te puedo dar ambas perspectivas”.
El periodista aborda esto último: “Ambas”.
Rossi formula su opinión: “Hasta aquí hablé de lo que creo que el Presidente hará. En lo normativo, bajar el déficit es absolutamente crucial y debe hacerse, incluso con costos políticos. Estoy de acuerdo. Con respecto a la apertura, no me opongo a que se implemente a mediano plazo, pero lo haría con más cautela, pues en ocasiones dejas en desventaja a actores nacionales, y eso no es correcto”.
A lo largo de la entrevista, Rossi relata su experiencia en la Secretaría de Desregulación: “Mientras estuve en el Gobierno, se permitió el ingreso de productos por un valor de hasta 400 dólares sin pago de impuestos. La idea era que, si alguien viajaba cuatro veces a Miami, pudiera traer productos sin aranceles en cada oportunidad, y que aquellos que no viajaban también pudieran acceder a ese beneficio. Desde esa perspectiva, parece razonable e incluso progresivo.
Sin embargo, desde el ámbito de la oferta, imagina un distribuidor local que importaba 200 celulares de China, que actuaba con total eficiencia y pagaba los impuestos correspondientes. Llega entonces un grand retailer que le compra al mismo productor y vende a la misma clientela, de manera igualmente eficiente. Pero, como cada celular se introduce con el CUIT de cada cliente y no del distribuidor, no paga impuestos. El local no puede competir, no por ineficiencia, sino por cuestiones legales. Esa situación lo deja en desventaja sin haber cometido error alguno. Si fuese ineficiente, podrías discutirlo: podrías querer mantenerlo por el empleo, pero eso haría que las personas paguen más. No estoy seguro de que sea correcto que 200 o 300 personas paguen más por un celular para mantener esos puestos de trabajo”.
El periodista inquiere si considera que esto es un problema de diseño.
Rossi aclara: “Es un ajuste fino. La política subyacente puede estar bien intencionada, pero falla en la ejecución. En el marco de una apertura que impacta a tantos productores locales, debes tener un cuidado mayor; no se puede hacer de manera salvaje. Estoy de acuerdo con los objetivos, y a largo plazo pienso que hay que avanzar en esta línea, pero a mediano plazo no puedes arruinar a los locales que están llevando a cabo sus actividades correctamente.”
Finalmente, Rossi resume su visión sobre el programa: “Los lineamientos de Milei no son tantos: no tener déficit, abrir la economía y desregular la micro para facilitar los negocios. Mi papel estaba en la tercer línea. Con el primer punto, estoy completamente de acuerdo. Con el segundo, tengo un acuerdo conceptual, aunque creo que no se ha realizado del todo el ajuste fino necesario. Y con el tercero, un apoyo total: allí es donde me comprometí. Es esencial eliminar obstáculos, ya que, en esencia, las regulaciones son obstáculos. Estoy convencido de que la mejor política contra la corrupción es la desregulación, porque las regulaciones generan discrecionalidad”.
El periodista le pregunta: “¿Es muy costoso desregular en Argentina?”
Rossi responde: “Es extremadamente costoso. Lo viví en primera persona: fui secretario de Desregulación por más de un año. Cada vez que desregulas, tocas intereses. Pasé meses estudiando las razones por las que surgen las regulaciones, y la mayoría lo hace para beneficiar a alguien. Cuando eliminas una regulación, ese beneficiado pelea.
Es un problema de acción colectiva, lo cual me parece fascinante. Supongamos que una regulación le da a una empresa 10 millones de dólares anuales. Los beneficiarios de su eliminación son 10 millones de personas, un dólar cada uno. Ninguno saldrá a la calle a protestar, porque su tiempo vale más de un dólar. A la empresa, en cambio, le va la vida: hace lobby, amenaza, invierte en campañas mediáticas para señalarte como traidor a la patria. No tengo a 10 millones respaldándome y diciéndome ‘Rossi, genio, estamos contigo’. Solo tengo al que me grita: ‘Eres un salvaje, tendré que despedir a cinco empleados’. Pero yo pienso en el equilibrio general: estoy beneficiando a 10 millones de ciudadanos”.
A continuación, el periodista pregunta si renunció por presiones del sector privado o por razones personales.
“No, no fui presionado por eso. Si no estás preparado para hacer lo necesario porque te criticarán, no deberías asumir un cargo público. Por supuesto que no es agradable. En el ámbito académico, escribes un artículo, recibes un premio y todos te aplauden. En el Gobierno, ayudas a millones que no te reconocen, y nadie se acerca a la calle para agradecerte. Pero no me fui por eso. Decidí dar mi apoyo durante un año y pico, que puede sonar poco, pero en el Gobierno es mucho, y mi vida siempre ha girado en torno a otras actividades”.
El periodista pregunta cómo ve que se reflejan las políticas de desregulación de manera concreta.
Rossi dice: “Para abrir una empresa, debes pasar por un individuo que controla el extintor. Nadie sabe quién es, pero sin su firma, una empresa de 100 millones de dólares no puede operar. Te dice: ‘Dame 100.000 y te firmo’, y cada día sin operar, pierdes 100.000. Afirmar que el empresario es corrupto también es válido, pero ser dicotómico es erróneo, todo se desarrolla en un gradiente. Que haya un extintor es importante, pero también lo es el crecimiento del país. Siempre puedes justificar una regulación en nombre del bien común. Sin embargo, cuando observas las consecuencias, descubres que tienes un individuo con poder discrecional, lo cual permite la corrupción”.
En referencia a un reciente caso, el periodista menciona que a mediados de este año, la Sociedad Argentina de Pediatría y la Cámara Argentina del Juguete advirtieron que, debido a la flexibilización de controles aduaneros, muchos artículos entran sin pasar por controles locales, lo que podría representar riesgos para la salud. Pregunta si ese caso, por ejemplo, es consecuencia de la falta de reglamentaciones que menciona.
Rossi señala: “He participado de eso. Lo que argumentamos es que si un juguete puede ser comercializado en un país con estrictos controles, también debería estar disponible en Argentina sin ser obstruido por un funcionario. Elegimos como referencia la OCDE, Europa, Japón, Australia, y Nueva Zelanda, porque partimos de la premisa de que son países serios. Estoy convencido de que los australianos no desean que circulen juguetes peligrosos. Hemos estado haciendo uso de sus regulaciones. Al proceder de esta manera, se le quita poder discrecional a un agente de Aduana. No tengo pruebas de nada en concreto, pero si un funcionario puede detener un contenedor de juguetes, lo único que genera es corrupción”.
El periodista cuestiona el hecho de que podría perderse un control de calidad.
“Es cierto que se elimina un control interno. Pero te pregunto: si un juguete se vende en Dinamarca y un funcionario argentino lo detiene, ¿qué es más probable, que los daneses hayan aprobado algo peligroso, o que el funcionario esté cobrando una coima a un productor local que no quiere competencia? Puedo estar equivocado, pero esa es la forma en la que hay que tomar decisiones. Si creyera que esos juguetes dañarán a los niños, no permitiría su ingreso”.
Rossi también menciona situaciones previas: “Sucedía lo mismo con el iPhone: un ingeniero local tenía que certificar que no explotara, e incluso ir a la fábrica de Apple a verificarlo. ¿Realmente podría un ingeniero detectar si Apple hacía todo bien en relación a un dispositivo que se vende en todo el mundo? Y la firma del ingeniero depende de un negocio de cientos de millones. Desde Apple, me decían que lo que les importaba era la rapidez en la importación: dos meses de demora les costaban fortunas”.
A este punto, el periodista le pregunta si estas medidas se originan en un diálogo con las empresas.
Rossi responde: “Con las empresas, con la gente, con todos. Hicimos una web para que cualquier persona pudiera comentarnos qué regulación le generaba problemas, y han llegado miles de comentarios. El objetivo no es favorecer a nadie; es hacer las cosas de la manera correcta”.
Finalmente, el periodista plantea la afirmación de Sturzenegger, quien plantea que 4 millones de habitantes migrarán a provincias que se dediquen a actividades extractivas. Pregunta si ese es el resultado final del modelo, y si lo considera viable.
Rossi expresa: “No estoy seguro de si el multiplicador puede llegar a ser tan grande. Sin embargo, tendrás que incluir el tema distributivo en la agenda política. Hoy, la agenda se divide en tres ejes: el orden fiscal, la apertura de la economía y la eliminación de regulaciones e impedimentos para que los negocios puedan prosperar en el país. Estoy de acuerdo con el primero y el tercero. Con el segundo, tengo matices”.
En una conclusión sobre la apertura de la economía, Rossi indica que los sectores energéticos podrán prosperar y se espera que aumenten sus exportaciones. Sin embargo, advierte que los perjudicados serán aquellos sectores que generan más empleo, lo que podría conducir a una distribución de la riqueza más desigual. “Tendremos un crecimiento mayor, pero peor distribuido, porque esos sectores no generan tanto empleo como los, por ejemplo, del sector automotriz. ¿Es correcto poner regulaciones para proteger un sector que carece de ventajas comparativas? No, la historia nos enseña qué hacer y qué no. Es recomendable que crezcan los sectores con ventajas competitivas, incluso si no son intensivos en mano de obra. Permitir que el sector energético, el petróleo y la minería se expandan, junto con estrategias distributivas, será esencial para asegurar que todos se beneficien del crecimiento. Ignorarlo equivale a no comprender el dilema en juego.”






















