En una entrevista para el canal de YouTube de Diego Revuelta, Fernando, de 39 años, contó que trabaja en la conservación de carreteras y gana alrededor de 1500 euros. De esa suma, explicó, “podría ahorrar 700 euros”. “No lo hago, pero podría si me pongo estricto. También hay que disfrutar de la vida, sin duda alguna”, enfatizó.
Aunque durante gran parte del año vive solo, en verano y algunos fines de semana tiene vecinos. No precisó cuántos días pasa sin compañía, pero calculó que podrían ser unos 200.
La vivienda familiar lo exime de pagar alquiler, aunque afronta otros gastos mensuales. Calculó que desembolsa unos 40 euros en electricidad y 50 euros por un paquete de datos ilimitados para el celular, ya que no tiene internet en la casa.
En alimentos gasta entre 300 y 400 euros, estimó. Como Benamira no cuenta con supermercado, debe trasladarse a localidades cercanas para hacer las compras. También señaló que una empresa social distribuye alimentos una vez por semana en distintos puntos de la provincia.
Contar con un vehículo es fundamental, agregó, y le supone otros 300 o 400 euros en combustible. “Tenés un auto o estás atrapado”, subrayó.
Moverse resulta necesario tanto para abastecerse como para responder ante una urgencia médica. “Esta zona está un poco maltratada por las administraciones públicas. El hospital más cercano está a 90 kilómetros y eso ya es una distancia que te puede costar la vida”, lamentó. Contó que algunos visitantes sufrieron infartos y requirieron la asistencia de un helicóptero.
Vivir sin vecinos permanentes no implica pasar toda la semana sin hablar con otras personas. Fernando se levanta cerca de las seis para ir a trabajar y allí mantiene contacto con otros.
Cuando vuelve, alterna entre salir a correr por el monte, cuidar su huerta, leer, cocinar y escribir. Además, hace monólogos sobre el mundo rural. “Soy monologuista por obligación porque no tengo con quién hablar”, bromeó.
Al comienzo, la posibilidad de ahorrar el alquiler fue el principal motivo para instalarse en el pueblo. Ahora, sin embargo, asegura que hay otras razones para quedarse.
“Yo creo que por nostalgia. La comodidad existe, pero creo que también se debe al arraigo, que es una cosa que se está perdiendo en los pueblos”, expresó. Durante su infancia pasaba los veranos en Benamira y solía reunirse allí con muchos chicos.
La apariencia de pueblo fantasma cambia cuando vuelven las familias. Según Fernando, hay 58 casas y, salvo dos, todas se ocupan en algún momento del año. A menudo regresan hijos y nietos de antiguos habitantes, que se juntan para comer.
A Fernando le gustaría que hubiera entre 20 y 30 residentes permanentes para mantener vivo el pueblo. Para atraerlos, propone construir viviendas públicas en las pequeñas localidades de la zona. “Hay gente que está harta de estar en una capital malviviendo. Estar pagando 700 euros por una habitación no tiene sentido”, indicó.
Según relató, ya habían recibido más de 400 consultas por internet y llamadas al ayuntamiento. Sin embargo, la propuesta tropieza con un problema: “Aquí no hay un plan real en toda la zona para poder sostener que vengan 20 personas de golpe. No hay vivienda y no está organizado el trabajo”.



























