El encuentro entre Portugal y Croacia finalizó 2-1 a favor de los lusos, quienes avanzaron a la siguiente ronda. La controversia se intensificó en los instantes finales del tiempo adicional, cuando el árbitro noruego Espen Eskas otorgó diez minutos adicionales. En el minuto 12, Gvardiol marcó lo que parecía ser el 2-2, un gol que podría haber llevado el partido a prórroga. Sin embargo, la celebración croata fue breve: el VAR intervino y anuló el tanto.
La acción que provocó el debate involucró a Igor Matanović, delantero croata con el número 20. Durante la trayectoria del balón hacia el área portuguesa, este saltó e intentó cabecear. A simple vista, el contacto parecía inexistente o trivial, lo que generó la intervención del llamado ‘chip de la verdad’ y la posterior aclaración por parte de la FIFA.
El organismo internacional aseguró que “los sensores IMU incorporados en el balón Trionda son capaces de detectar cualquier contacto leve”, lo que proporcionó a los árbitros un “nivel sin precedentes de datos para tomar decisiones rápidas y precisas”. En su comunicado, afirmaron que “los datos proporcionados por la tecnología Connected Ball dentro del Adidas Trionda confirmaron que hubo contacto por parte del #20 de Croacia, permitiendo al árbitro determinar correctamente el fuera de juego”.
Este toque, que pasó desapercibido a simple vista, fue crucial para evaluar la posición de Mario Pasalic, quien había recibido el balón antes de que Gvardiol anotara. Al confirmarse que el balón fue tocado por un compañero, el punto de referencia para el fuera de juego se ajustó a ese instante exacto, quedando Pasalic en posición prohibida.
La tecnología utilizada es una unidad de medición inercial (IMU), un dispositivo situado en el centro del balón que envía 500 paquetes de datos por segundo a la sala del VAR, lo que permite identificar con precisión el momento exacto en que el balón fue tocado, eliminando la posibilidad de juicio subjetivo. El sensor se carga por inducción y no requiere conexión eléctrica directa; está fijado en el centro del balón mediante tensores, asegurando su funcionamiento durante todo el partido y el tiempo adicional.
El impacto de esta tecnología es destacado en la transmisión televisiva mediante un “gráfico de latido cardíaco”, que la FIFA adoptó para mostrar a los espectadores el instante preciso del contacto. Esta innovación se introdujo en la Eurocopa 2024 y tuvo su aplicación más controversial en este encuentro de eliminación del Mundial.
El análisis del caso presentó una complejidad añadida: antes de que el balón llegara a Pasalic, el defensor portugués Renato Veiga también tocó el balón, aunque su intervención fue considerada involuntaria. De acuerdo con la Regla 11 del reglamento de fútbol, este tipo de contacto no afecta una posición de fuera de juego anterior, por lo que la anulación del gol se mantuvo. La serie de factores —el roce de Matanović, el toque involuntario de Veiga y la colocación de Pasalic— convirtió la situación en una de las más difíciles de resolver del torneo.
Croacia abandonó el Mundial con un gran malestar por la decisión arbitral. La respuesta de la FIFA buscó poner fin al debate destacando que el contacto existió, el fuera de juego fue adjudicado correctamente y que el gol no debió subir al marcador.
























