El regreso a la rutina en las mesas de dinero de la City porteña tras la finalización de la Copa del Mundo de la FIFA trajo consigo un rápido baño de realidad global y local. En los principales despachos financieros ya se debate con fuerza el escenario para las elecciones presidenciales de 2027, bajo la lectura de que el país se encamina hacia una profunda dualidad estructural que consolidará a ganadores y perdedores del modelo actual.
En términos políticos, los operadores proyectan que la futura contienda electoral se dirimirá entre dos figuras descollantes: una anclada en el interior profundo del país, donde impactan positivamente los sectores más pujantes del esquema oficialista, y otra consolidada en el conurbano bonaerense y los cordones periféricos de las provincias, donde predomina el impacto del ajuste.
Presión internacional y el efecto del contexto externo en el riesgo país
A nivel global, la tregua en Medio Oriente llegó a su fin de manera simultánea con el cierre del Mundial, reactivando las tensiones diplomáticas y militares entre Washington y Teherán. Esto impulsó nuevamente el precio del petróleo Brent e incrementó las presiones inflacionarias sobre la Reserva Federal (Fed). Como consecuencia de la aversión al riesgo global, el dólar se fortaleció en el mundo y los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE. UU. treparon a máximos de las últimas dos décadas.
A nivel local, el enrarecimiento del clima externo opacó la buena noticia proveniente de Moody’s, agencia que acompañó la mejora en la calificación crediticia soberana que ya habían dictado sus competidoras. Si bien la actualización de los techos país (B1 en moneda extranjera y Ba3 en moneda local) abre una ventana competitiva para que las corporaciones argentinas capten financiamiento barato en el exterior, el riesgo país sintió el impacto de la cautela internacional.
Los operadores debaten si el repunte de los bonos fue prematuro
A pesar de que los títulos públicos argentinos lograron recortar sustancialmente su prima de riesgo en los últimos meses —contando con el aval técnico del FMI y las calificadoras—, los “traders” de Wall Street y de la plaza local se preguntan si el mercado no se anticipó demasiado. Los analistas advierten que las cotizaciones actuales reflejan un escenario idílico, ignorando tres vulnerabilidades estructurales que todavía se gestionan trimestre a trimestre:
- Posición de reservas netas: continúan ubicándose en terreno negativo bajo los parámetros de medición del propio Fondo Monetario.
- Exigente cronograma de vencimientos: la Argentina enfrenta compromisos de deuda por US$ 15.000 millones que se van sorteando mediante acuerdos de refinanciación sucesivos.
- Sostenibilidad del superávit: el mantenimiento del superávit fiscal basado en el recorte de erogaciones enfrenta crecientes obstáculos políticos a medida que se aproximan los tiempos de campaña para 2027.
La encrucijada del crédito y las perspectivas contrapuestas
El mercado financiero se divide hoy entre optimistas y escépticos. Los primeros confían en que se sostenga el ritmo de acumulación de divisas, se cumpla la meta de superávit del 2,2% y el país regrese a los mercados internacionales de crédito a fines de 2026 de manera autónoma. Los segundos advierten que, de fallar estas variables, el repunte reciente de los bonos habrá sido un movimiento basado puramente en el sentimiento inversor y no en un cambio estructural.
A esto se suma la preocupación por la mora crediticia en el consumo. Aunque se registran leves mejoras en los bancos tradicionales, los ratios de morosidad en el segmento financiero no bancario imponen un piso de cautela. La combinación de una mayor carga financiera con los ajustes tarifarios recurrentes limita las posibilidades de un boom de crédito privado en el corto plazo, obligando a las mesas de dinero a operar bajo una estricta estrategia de prudencia.
























