Este cambio de dinámica rompe con la tendencia observada en décadas pasadas, generando un clima de pesimismo entre los analistas, quienes no anticipan una recuperación en el corto plazo. La economía creció un 4,4% en 2025, y para este y el próximo año se prevé una expansión en torno al 3%. Sin embargo, un informe de una consultora especializada señala que existen avances en algunos sectores, mientras que la capacidad de compra de la población se ha quedado atrás.
Datos de otra consultora revelan que el consumo masivo disminuyó un 2,7% interanual en junio y un 2,4% en comparación con mayo, profundizando así una tendencia negativa que acumula una baja del 2,9% en lo que va del año.
Un economista indicó que la desconexión con el Estimador Mensual de Actividad Económica se debe a que el crecimiento se está sustentando principalmente en rubros que tienen un bajo impacto agregado en cuanto a empleo y consumo masivo, tales como la agricultura, energía y minería.
El director de un instituto de investigación destacó que la actividad que impulsó el EMAE de mayo en comparación interanual fue el sector de agricultura y ganadería, con un aumento del 4,6%, que contribuyó con 0,64 puntos porcentuales al índice general, que en total creció 0,24 puntos. El segundo motor fue la explotación de minas y canteras, que avanzó un 15,7% interanual, aportando 0,60 puntos. Sin estas contribuciones, el resultado de mayo habría sido negativo.
Por el contrario, la industria manufacturera experimentó una caída del 5,6% interanual, mientras que el comercio mayorista, minorista y las reparaciones disminuyeron un 4,3%. Un economista señaló que los sectores que generan más empleo están mostrando variaciones negativas, lo que explica que, en términos generales, el consumo interno continúe en deterioro, sin visos de mejora bajo el modelo actual.
Respecto al crédito al consumo, se considera que no se recuperará a los niveles previos hasta al menos 2025, afectado por la gran morosidad. Además, los aumentos de salarios dependerán de que se sostenga el proceso de reducción de la inflación y se limite el reemplazo de empleo registrado por formas laborales más precarias.
Desde otra consultora, se indicó que el consumo está vinculado a la evolución de los ingresos. Con una ligera desaceleración de la inflación, estos se estabilizan, pero si se detiene este proceso o los precios vuelven a aumentar, el poder adquisitivo se verá deteriorado, impactando negativamente la demanda. Por ello, se anticipa un período de estancamiento en los próximos meses.
Los bienes durables presentan un escenario menos favorable, dado que no se vislumbran mejoras en el crédito destinado a las familias. La misma consultora advirtió que el comportamiento del consumo varía según la región. “Estamos en una Argentina más allá de los promedios. Cada territorio responderá de manera distinta a las transformaciones económicas”, que están relacionadas con el aumento de la explotación y exportación de recursos como el petróleo, gas, litio y cobre, así como a la apertura de importaciones.
Por ejemplo, en una provincia del sur, el 74% de los encuestados declaró haber realizado gastos en bienes suntuarios, superando en 10 puntos porcentuales el promedio nacional. En otra provincia, el 47% de los encuestados tiene intenciones de adquirir bienes durables, un 17% más que en el resto del país. En contraste, en el Gran Buenos Aires, solo el 23% afirma tener poder de compra, 10 puntos por debajo del promedio, y la sensación es que “el dinero tiende a esfumarse”.
El estudio menciona que la reestructuración del consumo variará según la geografía y el Producto Bruto de cada provincia. La región metropolitana podría observar primero cambios significativos en estas dinámicas.
En una de las principales empresas de alimentos, se estima que más del 60% de su facturación proviene de ventas promocionales, y en algunos casos, los aumentos de precios son inferiores a la inflación, lo cual erosiona los márgenes de ganancia. Sin embargo, sostener esta política es vital, ya que mantener el volumen de ventas es crucial para la viabilidad del negocio. Señalan que el crecimiento se centra en productos premium, accesibles solo a un pequeño segmento de consumidores.
La competencia se ha ampliado, ya que no solo están en juego las empresas del mismo rubro, sino que se extiende a otros sectores. Con un poder adquisitivo limitado, las familias priorizan sus gastos y deben tomar decisiones entre distintas categorías de productos.
De cara al futuro, no se anticipa un aumento notable en la demanda. Más bien, se pone énfasis en la consolidación del sector en un menor número de compañías, lo que podría representar una oportunidad de ganar cuota de mercado, en un contexto donde han cerrado muchas pequeñas y medianas empresas. Se destaca el interés por las exportaciones, ya que se vislumbra un claro potencial de crecimiento en este ámbito.
Otro análisis de consumo masivo revela un patrón de ventas alternadas, con períodos de mayor y menor demanda. Gracias a su diversidad de unidades de negocio y la capacidad de adaptar sus plantas a los productos más exitosos, estas empresas logran mantener los niveles de actividad. En ambos casos, la clave es la innovación constante y la diversificación de la oferta para captar la atención del consumidor, así como prever tendencias emergentes, como el creciente interés por los alimentos proteicos y los que contienen pistacho.
























