A partir del 2 de julio, los contribuyentes argentinos dejan de destinar su trabajo para cumplir con el pago de impuestos anuales, según revela un estudio privado. Hasta el 1º de julio, el total de ingresos generados por un trabajador promedio se destinó, teóricamente, a saldar tributos nacionales, provinciales y municipales, lo que marca el inicio de lo que se denomina el “Día de la Independencia tributaria”. Este concepto evalúa cuántos días debe trabajar un ciudadano para cumplir con sus obligaciones fiscales. Una vez completadas esas jornadas, los ingresos de los trabajadores dejan de ser gravados y se convierten en ingresos netos. Un análisis realizado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), en colaboración con la Agencia Noticias Argentinas, indica que, en la actualidad, un contribuyente argentino debe destinar entre 172 y 182 días del año para hacer frente a sus obligaciones tributarias. Este límite se alcanzó el 1º de julio, por lo que desde el 2 de julio, los trabajadores comienzan a percibir el total de sus ingresos. Los datos sugieren que la carga tributaria integral oscila entre el 47,2% y el 49,9% del ingreso total, destacando una “baja dispersión” en estos porcentajes, incluso cuando el nivel máximo considerado es 4,6 veces superior al ingreso mínimo del informe. Esta uniformidad en la presión fiscal sobre diferentes niveles salariales es un aspecto central del análisis económico actual. El informe también señala distorsiones en el sistema, evidenciando una regresividad en la carga tributaria. Esto implica que, en ciertos tramos, los individuos con ingresos elevados terminan pagando proporcionalmente menos que aquellos con ingresos más bajos. Por ejemplo, los grupos de ingresos medios y medios-altos presentan una carga entre 1,5 y 2 puntos porcentuales inferior a la del grupo con ingresos más bajos. El IARAF identifica dos factores principales que contribuyen a esta regresividad. El primero se relaciona con los aportes a la seguridad social, donde para el grupo de ingresos más bajos, estos aportes representan el 13,7% de su ingreso total, mientras que para el grupo más alto, la carga por este concepto se reduce al 6,3%. Esto resulta en una diferencia de 7,4 puntos porcentuales en desmedro de los trabajadores de menores recursos. El segundo factor es la influencia de los impuestos indirectos, como el IVA, los cuales impactan más en quienes destinan una mayor parte de sus sueldos al consumo básico. Comparado con el primer nivel salarial, el segundo grupo presenta una carga por impuestos indirectos 1,9 puntos porcentuales inferior, mientras que el cuarto grupo, que refleja los ingresos más altos, tiene una carga 3,8 puntos porcentuales más baja por este mismo concepto.
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