Las intensas precipitaciones habían dejado los caminos prácticamente intransitables, y dos camionetas habían quedado totalmente atascadas en el barro. Una de ellas pertenecía al arquero de la Selección argentina y del Aston Villa, quien, al intentar ayudar a un amigo, terminó varado en el mismo lugar.
“Salimos en moto porque había llovido mucho y los caminos estaban intransitables. Tenía una idea de por dónde ir, pero no estaba del todo seguro. De repente, vimos dos camionetas y una figura imponente. Mi hijo me dijo: ‘Ese es el Dibu, papá’. No lo podía creer”, narró Albarracín.
Con cautela, padre e hijo se acercaron para saludar al campeón del mundo. Martínez, con una sonrisa, les explicó la situación. En medio del barro, la colaboración llegó de una manera inesperada.
Leonardo portaba una navaja que resultó esencial para cortar los nudos de las lingas que usaban para intentar liberar las camionetas. Sin pensarlo, se arrodilló en el barro para ayudar mientras intercambiaba palabras con el arquero. “La calidad humana del Dibu es impresionante. No hablamos del Mundial ni de fútbol. Fue una charla normal, como si nos conociéramos de hace tiempo”, afirmó.
Albarracín llamó a su esposa para que trajera una pala y otra linga, y su otro hijo también se unió a la labor. Incluso, Martínez fue hasta su hogar para buscar un pequeño tractor que resultó decisivo para resolver la situación.
Tras más de tres horas de trabajo arduo, lograron liberar las dos camionetas, y el arquero no escatimó en mostrar su agradecimiento. “Antes de irse, nos agradeció de todas las maneras posibles y nos dijo que lo habíamos salvado. Imaginate lo que significa escuchar eso de alguien que nos ha dado tantas alegrías a todos los argentinos”, rememoró Leonardo.
Cuando el inconveniente ya estaba resuelto, llegó el instante más emotivo de la jornada. Albarracín había llevado una camiseta de la Selección, un póster con la histórica atajada a Randal Kolo Muani en la final del Mundial de Qatar, y varios marcadores, esperando conseguir una firma.
Martínez accedió a firmar todos los recuerdos, y, antes de despedirse, sorprendió a la familia con un gesto inesperado. “Cuando ya se iba, se detuvo, se sacó el camperón oficial de la Selección y me lo regaló. En ese momento no pude contenerme. Me brotaron las lágrimas. Fue un momento inolvidable”, confesó.
























