Las razones detrás de esta contracción son evidentes: los salarios reales no avanzan, a pesar de una desaceleración en la inflación, mientras que el costo de bienes esenciales —como tarifas, alquileres, transporte y combustibles— sigue en aumento. El Gobierno ha impuesto un límite a las negociaciones salariales y, al mismo tiempo, la precarización laboral dificulta la recuperación de los ingresos. Además, el acceso al crédito se ha contraído en un entorno de creciente morosidad.
El relato gubernamental, sin embargo, parece ignorar esta realidad. “Si yo miro, el consumo está en máximo histórico”, dijo el presidente Javier Milei en recientes entrevistas, y agregó que “el PIB está en máximo histórico”. Estas afirmaciones sorprenden, ya que describen una prosperidad que contrasta con el deterioro social. Mientras el mandatario defiende su gestión económica, encuestas recientes indican un aumento en el descontento y la desaprobación hacia su administración.
El análisis realizado por la consultora Vectorial también contrarresta la noción de un consumo expansivo. Su equipo, liderado por expertos como Eduardo Hecker y Haroldo Montagú, examinó 52 indicadores relacionados con el consumo a partir de datos públicos y privados. El resultado fue que solo el 25% de ellos mostró variaciones positivas desde fines de 2025, mientras que el resto se mantuvo en caída o estancamiento.
La situación era más equilibrada hace un año, con un 50% de indicadores en declive y el otro 50% en mejora. Sin embargo, a principios de 2025, más del 75% mostraba un comportamiento positivo, lo que indica un claro deterioro de la demanda interna.
El estudio abarcó el consumo de productos básicos, ventas en supermercados y autoservicios, farmacias, bienes semidurables (como ropa y juguetes), bienes durables (electrodomésticos, computadoras y vehículos), así como actividades inmobiliarias, el comercio de cemento, recreación, gastronomía y turismo, proporcionando una visión completa del gasto en el mercado interno.
Las afirmaciones de Milei se sustentan en las estadísticas trimestrales de Cuentas Nacionales que elabora el Indec, donde la tendencia del consumo privado todavía es positiva, aunque en desaceleración. Este índice creció un 2,7% interanual en el primer trimestre de 2026, comparado con un 11,5% en el mismo período de 2025.
Sin embargo, según Vectorial, no hay contradicción entre un crecimiento agregado del consumo privado y un consumo masivo que sigue deprimido. “El consumo de Cuentas Nacionales abarca desde autos importados hasta litros de leche y refleja la variación de las tarifas y el incremento en las importaciones de bienes finales, lo que hace que las conclusiones sobre el estado de compra de bienes básicos puedan ser engañosas”, comentó Montagú.
El consumo privado según las Cuentas Nacionales no brinda una imagen clara de cómo se distribuye dicho consumo, lo que puede llevar a interpretaciones erróneas. Por ejemplo, si hay un aumento notable en el turismo o en la venta de autos de lujo, el consumo privado total puede reflejar un crecimiento, pero esto no muestra cómo se distribuye ese consumo en la sociedad, similar a suponer que el PIB per cápita representa efectivamente la distribución del ingreso nacional, según el estudio.
























