Para facilitar esta integración en el aula, Acosta colabora con un Auxiliar Docente Indígena (ADI), designado por el Consejo General de Educación. Juntos articulan sus clases: mientras la maestra expone los contenidos de las diferentes materias en castellano, el ADI incluye la lengua materna de los alumnos, por ejemplo, al enseñar la letra A en castellano y guaraní, teniendo en cuenta sus diferencias fonéticas. Además, el ADI comparte conocimientos y prácticas de la cultura mbya guaraní, abarcando desde la confección de cestas hasta la elaboración de collares.
Con el dominio del idioma y el apoyo del ADI, Roxana logra vincular los contenidos académicos con la realidad cotidiana de la comunidad. Uno de sus proyectos destacados es un herbario escolar que reúne plantas de la región, integrando ciencias, lengua y saberes ancestrales. La maestra también utiliza celulares para fomentar la alfabetización bilingüe, permitiendo que los niños graben relatos en guaraní, los cuales luego son trabajados en castellano.
En un contexto marcado por la pobreza, los estudiantes llegan al aula con escasa estimulación temprana y dificultades en la comprensión lectora. “Acá vienen descalzos, solo con una remerita y con el estómago vacío”, comenta Roxana. Frente a realidades que van más allá de lo educativo, su labor trasciende el pizarrón: recibe a los alumnos, prepara la merienda y se encarga de las tareas de limpieza. “Es como un hogar. Y en un hogar das amor, enseñás y contenés”, afirma.
Esta comprensión de la docencia se refleja en su estilo de enseñanza. “Los que trabajamos en una escuela intercultural hacemos esto porque no podríamos solo venir a dar contenidos; estamos enseñando para la vida y para que ellos mismos puedan superarse”, señala.
Uno de los mayores retos es el abandono escolar en jóvenes de entre once y trece años, donde las enfermedades y los embarazos precoces dificultan la continuidad educativa. Para abordar estas situaciones, Roxana establece un vínculo cercano y personalizado como parte de su estrategia pedagógica.
Recuerda el caso de una joven que estaba a punto de dejar la escuela. Se acercó a ella, la escuchó y, tras esa conversación, preparó material relacionado con su vida cotidiana, flexibilizó las entregas y contactó a su familia. De este modo, pudo continuar sus estudios. En el caso de otro alumno con dificultades para leer, mediante la lectura compartida y grabaciones de relatos en guaraní, comenzó a ganar confianza y a participar activamente en clase. “Cuando sienten que no pueden más, yo no los dejo caer. Estoy, escucho, acompaño y vuelvo a empezar con ellos las veces que haga falta”, resume.
Con el objetivo de preservar la lengua guaraní, Roxana y un equipo de siete comunidades están trabajando en un glosario. Para ello, consultan a los miembros mayores, quienes mantienen palabras, pronunciaciones y usos de la lengua que se han transmitido de generación en generación. “Estamos viendo cómo se dicen los días de la semana, los meses y los números”, aclara. El siguiente paso es elaborar un diccionario institucional que después podrá digitalizarse o convertirse en una aplicación móvil.
Los logros se reflejan en el aula: el porcentaje de alumnos que alcanzó el nivel esperado de comprensión lectora ha pasado del 40% al 85%, y la asistencia regular aumentó del 60% al 90%. Además, todos los estudiantes de su grupo han logrado sostener su escolaridad. También se observa un cambio en la participación: alumnos que antes no intervenían ahora leen, opinan y trabajan en conjunto. Para Roxana, el mayor logro es ver a sus estudiantes empezar a confiar en sí mismos y proyectarse hacia un futuro con más oportunidades.
Algunos egresados continúan la educación secundaria sin interrupciones, y dos de ellos planean proseguir estudios superiores, algo poco habitual en la comunidad.
Al reflexionar sobre cómo le gustaría ser recordada, Roxana vuelve a la idea que definió su llegada: “una docente que vino y que no quiso cambiar nada”. Su enfoque inspirador y respetuoso hacia la cultura mbya guaraní la ha llevado a ser finalista del Premio Docentes que Inspiran, que este año otorgará $32.000.000 en premios.
Desde su creación en 2021, esta iniciativa ha reconocido a 36 educadores de 12 provincias, acumulando más de 14.000 postulaciones.




























