Las bajas temperaturas matutinas, las jornadas nubladas y la escasa visibilidad del sol han suscitado preguntas en esta primavera: ¿por qué persisten las temperaturas frías cuando en otras regiones del país se experimentan días más cálidos? Inti Bonomo, licenciado en Ciencias Ambientales, destacó que la nubosidad es clave para entender este fenómeno y estableció una relación entre estas condiciones climáticas y los efectos de El Niño. En una reciente entrevista, el especialista detalló cómo el calentamiento del océano transforma la circulación atmosférica y promueve la llegada de humedad al centro del país. Según indicó, la persistencia de nubes disminuye la cantidad de radiación solar que alcanza la superficie terrestre, lo que retrasa el aumento de las temperaturas. Además, Bonomo analizó la evolución de este fenómeno y predijo que su mayor impacto se sentirá en diciembre. “Ahora va a seguir creciendo y el pico va a ser en diciembre”, advirtió, aunque aclaró que se trata de un pronóstico que podría sufrir modificaciones y que sus efectos no cesarían inmediatamente tras ese punto álgido. Durante su exposición, Bonomo subrayó que El Niño conlleva un calentamiento en una porción del océano que altera tanto procesos oceánicos como atmosféricos. Este cambio facilita el ingreso de humedad hacia la región y la formación de una amplia capa de nubes. “Tenemos esta gran capa de nubes que nos está tapando el sol”, explicó. En este contexto, añadió que diversos fenómenos tienen un impacto adicional en las temperaturas. El especialista destacó la distinción entre el impacto global del fenómeno y el efecto específico en una región en particular. Según su análisis, un aumento en la temperatura global podría coexistir con condiciones más frescas en el centro del país, donde la cobertura nubosa limita el calentamiento diurno. Para ilustrar su explicación, recurrió a una analogía sencilla: la diferencia entre usar ropa blanca y negra bajo la luz solar. Las superficies claras reflejan más radiación, mientras que las oscuras tienden a absorber más energía. Con respecto a las nubes, indicó que un proceso similar explica la persistencia del clima fresco: parte de la radiación solar se refleja y no calienta la superficie terrestre. Si bien la nubosidad puede demorar el aumento de temperaturas, eso no implica que el calor se descarte en los próximos meses. En cuanto a la intensificación del fenómeno y su significado, Bonomo señaló que diciembre será un mes clave. Según su análisis, el calentamiento del océano relacionado a este evento aún estaría en una fase de crecimiento. Sin embargo, subrayó que estas son proyecciones que deben ser tomadas con precaución: “Son pronósticos, no dejan de ser pronósticos”. Por ello, consideró importante observar tanto cuándo comenzará el descenso como la rapidez de ese cambio. El especialista también aclaró que el pico no debe ser automáticamente interpretado como el mes más frío o lluvioso en cada localidad del país. Lo relacionó con el máximo de la anomalía positiva de temperatura del océano, es decir, el momento a partir del cual este calentamiento empieza a disminuir. La reacción de la atmósfera, en cambio, puede prolongarse más allá de esta etapa. Bonomo sostuvo que la humedad acumulada durante el proceso mantendrá efectos en los meses siguientes. “Va a seguir hasta febrero, marzo, abril, por lo menos”, concluyó, refiriéndose a la persistencia de esta humedad. Así, explicó que un posible máximo en diciembre no significaría un cambio inmediato en las condiciones. Hacia el final de la entrevista, Bonomo mencionó otro aspecto relevante sobre la nubosidad: además de reflejar parcialmente la radiación solar durante el día, las nubes también pueden obstaculizar la pérdida de calor que ya ha ingresado. Este mecanismo, sostuvo, podría provocar temperaturas más estables, moderando las diferencias entre los periodos de mayor calor y aquellos en los que la superficie terrestre libera energía.
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