Con un aspecto que evoca su fabricación original, resplandeciente en su pintura negra y con chapas de bronce que exhiben su procedencia de The Vulcan Foundry en Inglaterra, la locomotora realizó una exitosa prueba hace un mes hacia la estación de Dolores y ahora completó su emocionante viaje hacia la costa. Durante el evento, miles de personas visitaron la Estación Ferroautomotora, no solo para conocer esta auténtica joya, sino también para experimentar un recorrido histórico por el ferrocarril.
Conocida inicialmente como “La 39 Grande” debido a su tamaño y capacidad de carga, esta locomotora llegó en su travesía con ocho vagones, que el público pudo explorar. Cinco de esos vagones pertenecen al Museo Ferroviario, mientras que los otros tres son de pasajeros, incluyendo dos de tipo pulman y uno semi pulman.
Martín Campbell, impulsor de este proyecto desde el Ferroclub Argentino, comandó la locomotora y llegó a Mar del Plata afónico, ante la emoción de haber logrado poner en movimiento este sueño. “El objetivo siempre fue tener una máquina que pudiera operar sin la presión de un horario, moviéndose a un ritmo lógico”, afirmó el entrevistado, quien también expresó su deseo de realizar más viajes especiales con la locomotora.
La 3925 hizo su primera llegada a Mar del Plata en 1926, formando parte de la conexión entre esta ciudad y Bahía Blanca. “Hace 100 años se celebró un evento similar por la llegada de esta máquina, que fue una novedad, reemplazando a otra que permanece como reliquia frente a la estación”, explicó.
Los marplatenses y turistas que se acercaron a conocer la locomotora también se encontraron con antiguos y actuales trabajadores del ferrocarril, intrigados por el renacimiento de una unidad que había estado inactiva durante décadas. Entre ellos, se destacó Juan Carlos Guimaraes, de 85 años, quien llegó con una foto de hace 60 años de él mismo trabajando como foguista en la misma locomotora. “Es un milagro que aún esté aquí, funcionando”, comentó el entrevistado después de compartir anécdotas con miembros del Ferroclub Argentino, quienes le hicieron numerosas preguntas sobre su experiencia en el servicio ferroviario.
“Es un viaje en el tiempo y es maravilloso que los niños puedan vivirlo”, manifestaron Bernardo y su hijo Juani, quienes visitaron los vagones, incluyendo uno que fue encargado por Juan Domingo Perón durante su presidencia. Aunque no fue utilizado por él, el vagón fue viajado por Juan Pablo II durante su visita a Argentina en 1982, un momento icónico que queda registrado a través de fotos exhibidas en su interior, donde se conserva el sillón que ocupó el Papa.
Los vagones que cerraron la formación son de origen holandés y japonés, más amplios y cómodos en comparación con los de otras épocas, dotados de aire acondicionado y calefacción.
El trayecto del tren, que comenzó en los talleres de Remedios de Escalada, duró desde las 20 del viernes hasta las 10 del sábado, con una parada de cinco horas en Maipú; la locomotora no presentó inconvenientes durante el recorrido y promete tener un futuro lleno de viajes.
“Originalmente funcionaba con petróleo crudo, pero ahora utilizamos cualquier tipo de combustible líquido, como aceite quemado”, explicó Campbell, satisfecho con el avance del proyecto, que ha sido realizado “ad honorem” por personas que, aunque no son ferroviarios, cuentan con habilidades en otras áreas, como la navegación.
El encuentro con Guimaraes ha sido un momento memorable. “Nos trajo una foto de hace 60 años en la misma máquina, lo que nos ayudó a comprender cómo funcionaban y se mantenían muchos aspectos de este equipo”, relató Campbell.
La recuperación de esta locomotora es un esfuerzo único y, aunque ha recibido el apoyo de Ferrocarriles Argentinos y del gremio La Fraternidad, su resurgir se ha sustentado en recursos propios.
Para recaudar fondos, se instaló un stand donde los visitantes pudieron adquirir productos como almanaques y postales relacionadas no solo con la Vulcan Foundry, sino también con la historia del ferrocarril y el propio Ferroclub Argentino.
El primer tren llegó a Mar del Plata en septiembre de 1886, ofreciendo una forma de transporte más cómoda y rápida para las familias adineradas que comenzaban a elegir la ciudad como destino vacacional. El viaje, que duraba casi diez horas, incluía vagones destinados a acomodar no solo el equipaje, sino también carruajes y caballos. En la segunda mitad del siglo XX, el tren se popularizó y se promovía como una opción para llegar a destino en “cuatro horas y un ratito”, transportando hasta automóviles en sus furgones. Sin embargo, en años recientes, el servicio ha enfrentado crisis y suspensión debido al mal estado de las vías, aunque ha comenzado una fase de recuperación, ofreciendo ahora servicios de calidad a precios competitivos.




























