En este contexto emerge Mohsen Rabbani, un activista religioso iraní con residencia en Argentina, quien, según el juez Rafecas, comenzó a “informar, orientar y preparar el terreno para una nueva operación criminal”. Además, se estableció que agentes iraníes viajaron a Buenos Aires con el objetivo de evaluar las condiciones del entorno y obtener información pertinente.
El fallo ubica un momento decisivo el 14 de agosto de 1993, cuando el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán aparentemente habría dado luz verde al ataque contra el edificio de Pasteur. “La decisión dejó de ser una posibilidad y se convirtió en una orden criminal”, señala el magistrado.
La resolución detalla que la decisión se tomó en los niveles más altos de la estructura iraní, y la ejecución del plan fue delegada a Hezbolá, que actuó como entidad operativa para perpetrar el atentado fuera de Irán.
Rafecas sostiene que el mandato fue transmitido a la Fuerza Quds, bajo la dirección de Ahmad Vahidi, quien a su vez lo entregó a Imad Mughniyeh, identificado en el fallo como el responsable de las operaciones clandestinas de Hezbolá en el exterior.
De este modo, el fallo establece una distinción clara: Irán fue el lugar donde se tomó la decisión, mientras que Hezbolá se encargó de llevar a cabo la operación en Argentina.
Uno de los aspectos más relevantes que se destacan en la resolución es el seguimiento de las comunicaciones en los días previos al atentado. El juez Rafecas identificó llamadas desde Buenos Aires hacia la Triple Frontera, el Líbano y Panamá.
Particularmente, sobresalen tres comunicados realizados los días 6, 8 y 11 de julio dirigidos a la ciudad panameña de Colón. Allí, señala el magistrado, “se estaba gestando en paralelo un segundo atentado de Hezbolá, que se concretaría al día siguiente del ataque a la AMIA”.
El 19 de julio de 1994, un día después del atentado contra la AMIA, un avión de la compañía Alas Chiricanas que había despegado de Colón estalló en pleno vuelo, cobrando la vida de sus 20 ocupantes, entre los cuales había miembros de la comunidad judía local.
Para Rafecas, las llamadas desde Buenos Aires adquieren una especial relevancia, dado que podrían haber facilitado “una coordinación entre ambas fases preparatorias, de manera que su ejecución estuviese próxima una a la otra, tal como sucedió”.
Cuatro días después, el 23 de julio, Hezbolá reivindicó ambos atentados de forma conjunta, según lo señala la resolución.
Otro aspecto destacado en la reconstrucción es el papel que jugó la zona de la Triple Frontera, donde se observó un entramado de comunicaciones y movimientos que conectaban Buenos Aires con Paraguay, Brasil, el Líbano e Irán. El magistrado sostiene: “Buenos Aires fue el escenario del atentado. La Triple Frontera, su retaguardia operativa”.
El fallo también detalla la trayectoria del vehículo Renault Trafic que se utilizó como coche bomba. Este automóvil fue adquirido días antes del ataque y, el 15 de julio, ya preparado, se ingresó a un estacionamiento ubicado en Azcuénaga 959, a solo cuatro cuadras de la sede de la AMIA.
Se menciona además una cronología de 18 días en la que, a partir del 1 de julio, comenzó la fase de preparación en Buenos Aires. Salman recibió en Ezeiza a un miembro del grupo operativo y empezó a establecer contactos con la Triple Frontera.
Días después, se presentó la Renault Trafic, que sería utilizada como coche bomba. El 15 de julio, cargada de explosivos, fue depositada en un estacionamiento a solo cuatro cuadras de la AMIA.
Dos horas antes de la explosión, Salman realizó una última comunicación desde Aeroparque. Para el juez, en ese momento “la operación había llegado a las puertas del inicio de su ejecución y consumación”.
El 18 de julio de 1994, a las 9:53, el conductor suicida condujo la camioneta, recorrió unas cuatro cuadras y la hizo estallar frente a Pasteur 633, dejando un saldo de 85 fallecidos y más de 150 heridos.
“El ataque terrorista no comenzó a las 9:53. A esa hora se ejecutó”, puntualiza. Antes, hubo ingresos del grupo, comunicaciones, movimientos, inteligencia, coordinación internacional, adquisición del vehículo y preparación de explosivos.
La explosión en Pasteur 633 fue “el resultado de una operación clandestina de carácter internacional”, que, según el juez, se gestó mediante “movimientos coordinados, comunicaciones permanentes y decisiones” hasta culminar en el atentado.
Rafecas señala también que este evento no fue aislado: “Era la segunda vez, en un lapso de poco más de dos años, que Buenos Aires sufría un atentado terrorista de esta índole. Anteriormente, se había atacado la Embajada de Israel. Ahora, el blanco fue el edificio de la AMIA/DAIA.























