Uno de los momentos más críticos de la operación fue la búsqueda del pequeño Lucas Gámez, un niño argentino atrapado entre los escombros de un edificio colapsado en La Guaira. Este caso conmovió a ambos países y dio lugar a un operativo internacional que finalmente resultó en el hallazgo del cuerpo del menor.
De acuerdo a información recabada, la decisión de finalizar el despliegue se debió a que la emergencia entró en una nueva fase, donde las tareas se centraron en la remoción de escombros, el uso de maquinaria pesada y la recuperación gradual de los servicios esenciales.
El primer grupo de la misión arribó a Venezuela en la madrugada del 27 de junio, poco después de la tragedia. Un segundo contingente se sumó el 1° de julio con más personal y equipamiento especializado para reforzar las operaciones en el terreno.
Desde su llegada, los efectivos argentinos trabajaron constantemente junto a las autoridades venezolanas y equipos internacionales en las áreas más afectadas. Durante su misión, llevaron a cabo inspecciones de edificios colapsados, operaciones de búsqueda con tecnología avanzada, brindaron asistencia médica a los damnificados, transportaron insumos y ofrecieron apoyo logístico para las operaciones de emergencia.
Las fuentes oficiales resaltaron que el personal especializado en búsqueda y rescate fue el primero en llegar a la zona siniestrada y también fue el último en retirarse, manteniendo una presencia constante a lo largo de las diversas etapas de la emergencia.
Además de las operaciones terrestres, las Fuerzas Armadas argentinas realizaron una serie de vuelos para trasladar brigadas de rescate, medicamentos, víveres, equipos de comunicación y materiales para el personal desplegado. La coordinación de la operación estuvo a cargo de la Agencia Federal de Emergencias, que centralizó la respuesta argentina ante la catástrofe.
El proceso de regreso comenzó en las últimas horas, cuando los aviones que trasladaban al personal iniciaron su ruta de vuelta a Buenos Aires. A su llegada al país, los integrantes de la misión fueron alojados en la I Brigada Aérea de El Palomar, donde permanecerán en las próximas horas para completar el protocolo diseñado para este tipo de operaciones internacionales.
Este protocolo incluye controles médicos completos, evaluaciones psicológicas y un período de descanso para facilitar la recuperación física y emocional después de más de dos semanas de trabajo intensivo en condiciones extremas.
La intervención argentina se dio tras uno de los peores desastres naturales en Venezuela en los últimos años. El doble terremoto afectó con particular severidad la franja costera entre Caracas y La Guaira, provocando el colapso de numerosos edificios, viviendas e infraestructuras públicas.
Las tareas de búsqueda se llevaron a cabo en condiciones complejas, marcadas por la inestabilidad de las estructuras dañadas, las réplicas sísmicas y las dificultades para acceder a ciertas áreas cubiertas por escombros.
En este contexto, el operativo que más atención atrajo fue el dedicado a la búsqueda de Lucas Gámez, quien había desaparecido durante el derrumbe del edificio que lo atrapó junto a su familia. La búsqueda se extendió por varios días e implicó el uso de cámaras térmicas, detectores acústicos, equipos de rescate urbanos y personal especializado en el manejo de estructuras colapsadas. Los rescatistas argentinos trabajaron en conjunto con brigadas venezolanas y especialistas de otros países de manera casi ininterrumpida.
Finalmente, el cuerpo del menor fue encontrado entre los escombros, concluyendo así un largo operativo que mantuvo en vilo a las autoridades y a la comunidad argentina.
Durante esos días, el contingente argentino también colaboró en la evacuación de personas, asistió a familias que habían perdido sus hogares y distribuyó agua potable e insumos básicos en diversas localidades afectadas.
El despliegue incluyó contribuciones de las tres ramas de las Fuerzas Armadas. El Ejército aportó especialistas en rescate y logística; la Armada, personal entrenado para situaciones de emergencia, y la Fuerza Aérea facilitó un puente aéreo para trasladar recursos y personal desde Argentina a Venezuela.
Según las declaraciones oficiales, la coordinación entre las distintas capacidades permitió mantener una operación continua durante la fase inicial de la emergencia, considerada crítica para la localización de sobrevivientes.
Con el paso del tiempo, las prioridades comenzaron a variar; la reducción de posibilidades de hallar personas con vida dio lugar a un enfoque en la remoción de grandes estructuras dañadas, la rehabilitación de caminos, la recuperación de servicios básicos como agua y electricidad, y el restablecimiento gradual de las infraestructuras públicas.
Este cambio de enfoque impulsó la decisión de retirar al contingente argentino, cuya misión había estado enfocada en las labores de búsqueda, rescate y asistencia inmediata.
Las autoridades subrayaron que el operativo pudo demostrar nuevamente las capacidades de respuesta internacional desarrolladas por las Fuerzas Armadas argentinas ante catástrofes naturales. La experiencia acumulada en misiones humanitarias y el entrenamiento específico del personal facilitaron una rápida adaptación a las tareas de emergencia y la coordinación con los organismos responsables en el terreno venezolano.
Con el retorno de los últimos efectivos culminó una misión que se extendió por más de dos semanas, centrada en la asistencia humanitaria a miles de damnificados por el doble terremoto. Entre las imágenes que perdurarán de este operativo se encuentra la búsqueda de Lucas Gámez, un episodio que dejó una profunda huella en los rescatistas argentinos desplegados en Venezuela.























