De subproducto de la faena bovina a insumo altamente demandado en Estados Unidos: así puede describirse la notable evolución del sebo bovino argentino. En un lapso de apenas diez años, las exportaciones de sebo bovino se multiplicaron por más de 20, al pasar de 6819 toneladas en 2015 a 154.808 toneladas en 2025, generando ingresos que alcanzan los US$125,2 millones. Este fenómeno fue expuesto en un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que apuntó a la acelerada demanda estadounidense como el principal motor detrás de este crecimiento, dado que este insumo se utiliza para la producción de diésel renovable. La BCR también subrayó que esta expansión ha permitido a Argentina mejorar significativamente su posición en el comercio mundial de sebo. Hace diez años, el país ocupaba el puesto 15 entre los exportadores de sebo bovino, representando apenas el 0,4% del total global. Sin embargo, para 2025, Argentina se situó en el cuarto lugar, con un 7,8% del mercado, solo superada por Australia, Brasil y Canadá. El sebo bovino es la grasa que se obtiene del tratamiento de los subproductos generados durante la faena, que incluye cueros, menudencias, huesos y tejido graso. Este material se procesa a altas temperaturas para producir sebo y harina de carne y hueso. Historicamente, el sebo tenía como destino la fabricación de jabones, cosméticos, velas y la alimentación animal. La BCR calificó a estos mercados como “de valor moderado, estables y poco disputados”. No obstante, en la última década, un nuevo uso ha surgido y modificado profundamente el paradigma del mercado: el sebo ha incrementado su demanda como insumo crítico para la producción de combustibles renovables, especialmente en el ámbito estadounidense. La magnitud de este cambio se refleja en las estadísticas de exportación: durante un periodo de casi 15 años, el volumen de faena creció un 25%, mientras que los envíos de sebo al exterior experimentaron un aumento asombroso del 4480%. La BCR precisó que “las causas del salto, sin embargo, son más externas que internas”. En este sentido, enfatizó que “lo que cambió fue la demanda internacional, impulsada especialmente por la política energética de Estados Unidos”, que reordenó un mercado que antes tenía un papel menor en el comercio agroindustrial. Desde 2020, la industria estadounidense de diésel renovable ha visto una expansión notable. Según los datos de la Energy Information Administration (EIA) citados por la BCR, la producción nacional de diésel renovable creció de aproximadamente 7,2 millones de barriles anuales a fines de 2018 a 69,4 millones en 2025. A diferencia del biodiésel convencional, el diésel renovable puede fabricarse a partir de aceites y grasas, sin límites de mezcla con los combustibles fósiles. Con la expansión de esta industria, las refinerías comenzaron a requerir un volumen creciente de materias primas. “El sebo, que hasta entonces competía en mercados de valor moderado, pasó a ser parte fundamental del suministro de una industria energética en expansión”, remarcó la BCR. El consumo estadounidense de grasa bovina para biocombustibles incrementó de unas 75.000 toneladas mensuales en 2021 a un pico cercano a las 450.000 toneladas a finales de 2025, lo que representa un crecimiento de más del 720%. Este tipo de grasa posee características que la hacen especialmente atractiva para el sector energético. Es apta para la elaboración de diésel renovable y combustible sostenible para aviación, y cuenta con una intensidad de carbono inferior en comparación con los aceites vegetales. Este indicador, que mide las emisiones asociadas al ciclo de vida del combustible, se considera esencial para los programas de incentivos en Estados Unidos, según señala el informe. La creciente demanda también ha alterado el comercio global. Estados Unidos, que en 2015 ocupaba el segundo lugar como exportador de sebo bovino, retrocedió al sexto lugar en 2025, ya que comenzó a utilizar una mayor parte de su propia producción para satisfacer sus necesidades internas. “Ese espacio fue ocupado por proveedores del hemisferio sur”, indica la BCR. Brasil se posicionó como uno de los países que más rápido creció en este mercado. Hace una década, ocupaba el puesto 31, con exportaciones inferiores a las 1000 toneladas anuales. Para 2025, Brasil alcanzará el segundo lugar mundial, con 402.000 toneladas, casi igualando a Australia, que lidera el ranking. Argentina siguió una trayectoria similar, ajustando también sus mercados de destino. Entre 2018 y 2022, los principales compradores eran Países Bajos y Brasil. Sin embargo, en el promedio de 2023 a 2026, con este último año aún en curso, Estados Unidos concentró cerca del 60% de los envíos argentinos y Uruguay recibió una cuarta parte. Este año, un cambio significativo se ha observado. La BCR advirtió que desde 2026, el crédito impositivo estadounidense 45Z excluye al sebo bovino importado. En los primeros siete meses del año, los embarques argentinos hacia Estados Unidos cayeron un 4% en comparación con el mismo período de 2025. Pese a esta baja, la BCR destacó que “la demanda estadounidense supera su capacidad de abastecimiento interno” y que, con las obligaciones de mezcla en aumento, las importaciones seguirían siendo relevantes en ese mercado. Además, se mantienen los destinos tradicionales para el sebo, como la industria oleoquímica, la producción de jabones y la alimentación animal. Un punto a destacar es que la industria local de biocombustibles en Argentina no utiliza grasas animales como materia prima; el biodiésel se elabora exclusivamente a partir de aceite de soja. Por tal motivo, el sebo disponible queda destinado tanto al mercado externo como a sus aplicaciones industriales convencionales. En conclusión, para la BCR, la intensa demanda interna de Estados Unidos ha sido lo que permitió “abrir el espacio” que países como Brasil y Argentina han ocupado en el panorama internacional.
Copyright © 2020. Todos los derechos reservados.























