La intervención de Bullrich en el Coloquio de IDEA adquiere una particular importancia en un momento en que incluso los empresarios cuestionan ciertos resultados del modelo económico. En un juego de palabras en torno al lema del Coloquio, “Invirtiendo la historia: de promesa a potencia”, la senadora lanzó una crítica a la política centrada en promesas, que parece dirigida al Presidente: “La política siempre es una promesa hasta que se tiene que gobernar. Quizás habría que hacerlo al revés, te tendrían que votar después de cuatro años. Sería la manera en que te voten por tus acciones”, señaló, abriendo la puerta a un juicio sobre la gestión de su propio partido.
Este discurso se convierte en un activo para Bullrich, quien busca consolidar su proyección hacia 2027 y aparece en algunas encuestas como una posible sucesora del proyecto libertario. Al ser legisladora, no se enfrenta a los resultados concretos de la gestión, lo que le permite presentarse ante los empresarios sin el peso de la administración. Su creciente relevancia parece haber generado incomodidad en el Gobierno; al último momento, se incluyeron en el programa las intervenciones de Milei y Pablo Quirno, este último un par de horas antes, además de que el jefe de gabinete, Diego Santilli, también hablará fuera de programa.
En una rueda de prensa previa a su presentación, Bullrich reiteró algunas de sus críticas habituales al Gobierno. Subrayó que la velocidad de los cambios no se percibe igual en todas las familias y sugirió que el RIGI debería extender su alcance a un mayor número de empresas. También cuestionó a varios gobernadores e intendentes por la pesada carga impositiva local, una inquietud frecuente del sector empresario, y coincidió en la necesidad de reducir Ingresos Brutos y tasas municipales: “No vayan a un supermercado en Pilar porque les cobran impuestos muy caros”, bromeó desde el escenario.
Sin embargo, existió una notable discrepancia entre la estimación presentada por la senadora y los costos calculados por los empresarios de IDEA. Al comparar el modelo local con el alemán, Bullrich afirmó que la carga tributaria en Argentina se sitúa entre el 20 y el 25 por ciento, en contraposición al 12-14 por ciento de Europa. Por su parte, los empresarios argumentan que esta carga se aproxima al 40 por ciento. Esta comparación resalta la complejidad de trasladar experiencias internacionales al debate local sin tener en cuenta las diferencias históricas y estructurales que fundamentan esos indicadores, así como la tendencia de los líderes políticos a manejar imprecisiones y la propensión del empresariado a sobreestimar su carga impositiva al solicitar alivios fiscales.
La sintonía con los empresarios es indiscutible y se reflejó también fuera del escenario: se organizó un almuerzo privado en el Costa Galana y se planea otro encuentro con CEOs que tendrá a Hernán Lacunza como invitado principal. El mensaje es claro: el sector empresarial no solo evalúa la gestión actual, sino que también busca alternativas que aseguren la continuidad del rumbo económico más allá de Milei.
En cuanto a la reforma previsional, Bullrich propuso un enfoque que reposaría en mayor medida en el ahorro individual de los trabajadores. Su propuesta desplaza parte de la responsabilidad hacia las familias, sugiriendo que el sistema previsional debería descansar más en el ahorro personal, aunque de manera “un poquito más compulsiva”. Su argumento se basa en que el sistema actual, diseñado según un modelo fordista, ha perdido su sustento dado el cambio en el mercado laboral: los hijos de trabajadores formales ya no acceden necesariamente a empleos registrados, y cada vez más se incorporan al sector informal. Sin embargo, ante este desafío que enfrenta la vida cotidiana de miles de jóvenes, Bullrich no ofreció una solución.
Presentando estadísticas, afirmó que el sistema es insostenible: seis millones de trabajadores formales y cuatro millones de monotributistas deben financiar prestaciones para aproximadamente 20 millones de personas, en un contexto donde el 45 por ciento del empleo es informal. Su propuesta también aboga por una redefinición del monotributo, aunque los recursos provenientes de impuestos generales seguirán subsidiando una parte significativa del sistema. Bullrich estimó que, en la actualidad, el financiamiento se distribuye en un 70 por ciento a partir de impuestos generales y un 30 por ciento de aportes laborales.
En un tono irónico, Bullrich también se refirió al aporte del 1 por ciento al Fondo de Asistencia Laboral (FAL) y lo describió como “un poco violento”, acompañando así el pedido del sector empresario por una reducción de los costos laborales.























