“Arquero ex profesional con pasado en la primera de Racing Club” es la descripción que lo acompaña en su perfil dentro de la plataforma, donde ostenta una calificación de cinco estrellas después de haber jugado cinco partidos y haber recibido solamente dos goles. “Para que te des una idea, me han pagado hasta seis cifras por un partido”, afirmó el ex golero de 35 años, que compagina esta actividad con su puesto como director en una empresa de seguridad y, además, es periodista deportivo.
Galanternik decidió registrarse en la app tras ver un anuncio en Instagram. “Me interesé y decidí averiguar de qué se trataba. La idea es que equipos que necesiten arquero para un partido específico publican una convocatoria junto con la remuneración que están dispuestos a pagar. Cada arquero comparte su información personal, trayectoria, el tipo de cancha (5, 8 u 11 jugadores) y cuánto espera cobrar. Actualmente, esto no representa una fuente de ingresos suficiente para vivir, pero es una forma genial de mantenerme en el fútbol y obtener algo de compensación. En Argentina, el fútbol es muy competitivo incluso a nivel amateur, todos quieren ganar, por eso la gente está dispuesta a pagar por un arquero que les asegure una victoria”.
El funcionamiento es bastante directo: el arquero asiste, ataja y se retira, ya que el pago acordado se efectúa a través de la misma plataforma, que ya cuenta con más de 10 mil arqueros registrados. Luego del partido, los equipos pueden calificar su rendimiento, puntualidad, y juego limpio, entre otros criterios. Galanternik lleva la cuenta de su breve experiencia en este nuevo entorno: “He disputado cinco partidos, ganado tres, empatado uno y perdido uno. Solo me hicieron dos goles. Muchos hinchas de Racing que me reconocen me buscan, lo cual es una ventaja. Hay partidos de variados niveles, pero todos son intensos, los jugadores se involucran a fondo, discuten con el árbitro y son muy competitivos”. No descarta que en el futuro esta actividad pueda convertirse en su principal fuente de ingresos.
Hijo de un aficionado de Racing, desde pequeño Diego se convirtió en un ferviente seguidor del club, asistiendo al Cilindro de Avellaneda cada vez que podía, desde que tenía unos diez años. Su camino en el fútbol comenzó jugando en el baby fútbol de Caballito Juniors, inicialmente como jugador de campo, hasta que una conexión de su padre le abrió la puerta a una prueba en la Academia: “Era un chico grande, me defendía jugando, pero sabía que no podía ser jugador en categorías profesionales y Gustavo Piñero confió en mis capacidades como arquero. Comencé como suplente en la Liga Metropolitana, pero no le tenía miedo a nada, y el esfuerzo valió la pena. Salimos campeones y atrás de eso me ficharon para AFA en Séptima”.
Su carrera alcanzó un pico el 9 de septiembre de 2012, en el estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba, cuando asumió el arco de Racing contra Belgrano por la sexta fecha del Torneo Inicial, debido a las lesiones de Sebastián Saja y la expulsión de Jorge De Olivera. “Fue un sueño para mí. Recuerdo la ducha tras el partido contra San Juan, cuando supe que tendría la oportunidad. Expectativa y emoción me invadieron. Me avisaron que era por un solo partido, pero esa posibilidad era increíble. La semana previa, me pidieron que mantuviera un perfil bajo, dado que además ya era periodista deportivo. Me quedará el recuerdo de que, 30 segundos antes del gol de Belgrano (que ganó 1-0), pensé para mí: ‘qué bueno, ya tengo el primer tiempo en cero’. Sin embargo, ocurrió una jugada desafortunada que acabó en el gol de ellos. Me quería morir. Para colmo, a Belgrano le echaron a dos jugadores y sabía que no podría mostrar mi potencial. Tuve un par de buenas intervenciones, pero así es el fútbol”.
Al rememorar su tiempo en Racing, destaca el gran equipo que se formó en la Reserva bajo la dirección de Juan Barbas, donde compartió cancha con jugadores como Luciano Vietto, Rodrigo De Paul, Ricardo Centurión, Juan Musso, Gastón Campi, Luis Fariña, Valentín Viola y Esteban Saveljich, entre otros: “Cada uno de ellos supo aprovechar sus oportunidades y crecieron en sus carreras. Mantengo el contacto con algunos porque jugamos en el Senior. En aquel equipo, los más experimentados eran Mauro Camoranesi, Fernando Ortiz y Diego Villar. También compartí plantel con Gio Moreno y Teo Gutiérrez, quienes tenían un talento excepcional. Pero el que más me impresionaba era Nico Oroz; como enganche, era brillante. Parecía que tenía momentos de inactividad, pero en la actualidad sigue haciendo una carrera notable en Argentinos Juniors”.
Sobre los casos de los compañeros que alcanzaron la selección argentina, como De Paul y Musso, así como el impredecible Ricky Centurión, comentó: “Son jugadores con una mentalidad excepcional, que lograron reinventarse y superar adversidades. Musso estuvo mucho tiempo como suplente en Racing y casi se va a préstamo, al igual que Chila Gómez, quien se perdió oportunidades por el camino. Estas experiencias demuestran que se necesitan mentalidades fuertes, es cuestión de momentos… Centurión, en cambio, siempre fue Centurión. En un plantel de primera, lo importante se decide adentro de la cancha, siempre que lo de afuera no se vuelva tan mediático. En esos tiempos, Centurión comenzaba y aún no era criticado por el foco mediático, en el campo de juego deslumbraba y los más experimentados lo cuidaban. La historia cambió cuando se unió a Boca, donde las cosas no le resultaron como se esperaba”.
Galanternik formó parte del plantel profesional durante la temporada 2012/2013, guiando su vista hacia quedar como suplente tras la salida de De Olivera, pero el club decidió fichar a Nelson Ibáñez y apuntar al joven Musso como tercer arquero. Esto lo llevó a un préstamo en Tiro Federal de Rosario, que competía en el Argentino A (tercera categoría): “Fue un golpe duro y una dura realidad para mí. En ese momento, fue complicado, porque había una clara preferencia por arqueros con más experiencia en el ascenso. Fue la primera vez que debí mudarme solo a otra ciudad. Jugué algunos partidos, pasé un año allí y luego regresé a Racing justo cuando Diego Milito volvió en 2014. Tuve la oportunidad de compartir algunos entrenamientos con él, y apareció la oportunidad de fichar en Sportivo Belgrano de San Francisco en la B Nacional. Finalmente, rescindí con Racing y firmé con ellos”.
En su etapa en el cuadro cordobés, encontró mayor continuidad al ganar el puesto a un mundialista como Diego Pozo y a Andrés Bailo, pero su final no fue el ideal: “Enfrenté diversas situaciones con entrenadores y dirigentes que afectaron mi estabilidad emocional profundamente. Me habían dicho que comenzaría como suplente y acabé siendo el tercer arquero. Luego me prometieron una renovación de contrato que jamás cumplimentaron. Además, el técnico que me había otorgado el lugar se fue, lo que sorprendió a todos”. Después de un año y medio en Sportivo Belgrano, decidió probar su suerte en Brown de Adrogué, postulándose a través de Facebook para conseguir una oportunidad.
Recordó su experiencia en el club dirigido por el legendario Pablo Vicó: “Le escribí a su ayudante de campo preguntando si necesitaban arquero, y me invitaron a probarme. Estuve seis meses, pero el arquero titular era Martín Ríos, que con 39 años se movía excepcionalmente. No fui lo suficientemente profesional, puesto que mi situación mental no era la mejor. Me informaron que no contaban conmigo y se presentó una oportunidad de ir a Luján, en la C, con un salario reducido. Yo estaba desesperado por jugar; pensé: ‘es mi última oportunidad, si resulta bien, sigo; si no, dejaré el fútbol’. Llegué a Luján, pero me desgarré dos veces el mismo isquiotibial y me di cuenta de que no estaba en mi mejor forma. Luego, otro chico comenzó a atajar, tuvo buen desempeño y no lo sacaron más”. A los seis meses, decidió colgar los guantes, rechazando un último ofrecimiento de Sportivo Las Parejas en Santa Fe. Para ese entonces, ya había encontrado un trabajo estable en el ámbito de seguridad y continuaba jugando al fútbol con amigos que le pagaban por participar, logrando en conjunto un ingreso superior al que había tenido en su última etapa como futbolista profesional.
“Siempre queda ese remordimiento de ‘¿qué hubiera pasado si hubiera tomado otro camino?’. No diría que superar el fin de mi carrera profesional fue fácil, porque se adquiere una rutina y forma de vida muy específica. Hubo momentos en que extrañaba mucho la adrenalina de jugar en un estadio lleno. Esa emoción no puede ser comparada con nada. He tenido sueños en los que todavía estaba jugando o me encontraba en otros equipos, pero analizando en perspectiva, fue una decisión acertada”, reflexionó.
La falta de recursos para relanzar su carrera, la incertidumbre sobre el futuro, la corta proyección del futbolista profesional, y el inicio de una relación con quien actualmente es su esposa y madre de su hijo, lo llevaron a dejar el deporte aunque no del todo.
Ahora, desde su lugar como hincha, también se permite hacer un balance de la gestión de Diego Milito como presidente de la institución: “El club está atravesando un momento muy difícil. Con el diario del lunes, la candidatura de Milito ha provocado divisiones. Blanco, con sus aciertos y errores, hizo mucho por Racing, y la pérdida de liderazgo del anterior directorio no fue bien recibida. Todo este clima influye en el rendimiento deportivo. Más allá de los avances institucionales que presenta Milito, este es un club de fútbol, y el hincha ante todo quiere ver ganar al equipo. La situación es complicada, el año que viene lo más probable es que no participemos en copas internacionales, y será difícil reestructurarse. Espero, por el bien de todos, que el club logre levantarse un poco y pueda clasificarse, al menos en los primeros ocho de su zona en el Clausura, para suavizar lo que fue este año.























