El entusiasmo, sin embargo, no llegó al mercado argentino. Las acciones bancarias que cotizan en Nueva York volvieron a caer y los bonos operaron en terreno negativo, con pérdidas promedio del 0,5%. Como resultado, el riesgo país cerró por encima de los 850 puntos básicos, un nuevo máximo anual.
Ayer parecía una jornada propicia para una recuperación. Además del fuerte repunte de los mercados, también bajaron las tasas de interés: el rendimiento de los bonos estadounidenses a diez años quedó por debajo del 4,90% anual. Aun así, nada de eso bastó para despertar el interés de los inversores, y los activos argentinos continuaron debilitándose.
Incluso el mercado brasileño, muy afectado por la reciente e inesperada victoria de Lula Da Silva, tuvo un desempeño superior al argentino. El dólar retrocedió levemente, hasta los 5,46 reales, y el índice Bovespa avanzó un 1%.
La suba de Wall Street después de la derrota republicana en las elecciones legislativas tuvo varias explicaciones. Una de las más relevantes es la expectativa de que la guerra con Irán pueda resolverse pronto. El petróleo se desplomó un 8% y el Brent quedó en 95 dólares, después de haber rozado los 115 dólares apenas una semana antes.
Si el precio del crudo sigue bajando, podrían moderarse las presiones inflacionarias que llevaron a la Reserva Federal a elevar las tasas en septiembre y que podrían motivar otro aumento hacia fin de año.
A la vez, la caída de las tasas de largo plazo refleja la expectativa de que la inflación disminuya más adelante. Por ahora, se trata de proyecciones especulativas, pero Wall Street logró recuperar ayer una parte importante de las pérdidas acumuladas en los últimos días.
Las acciones tecnológicas registraron avances más moderados. Uno de los asuntos que el mercado sigue de cerca es la posibilidad de que los demócratas aprovechen su mayoría legislativa para limitar los avances en el desarrollo de la inteligencia artificial. Donald Trump se opone a esa alternativa porque, a su juicio, tendría un efecto negativo sobre el crecimiento.
En este contexto, no pasa inadvertido que los bonos argentinos no consigan repuntar. Las razones pueden variar según quién las analice.
Sin embargo, un factor parece evidente: la elevada incertidumbre electoral juega en contra y lleva a los inversores a evitar riesgos excesivos.
No solo persiste una gran incógnita sobre quién será el candidato del kirchnerismo; ahora también hay dudas en el espacio libertario. La aparición de Patricia Bullrich en el mapa electoral suma confusión. ¿Es conveniente que haya varios candidatos favorables al mercado, como Javier Milei, Bullrich o Hernán Lacunza? ¿O esa competencia dividiría los votos y aumentaría las posibilidades de la oposición?
A diferencia de lo que ocurre en otros mercados de la región, incluido Brasil, las elecciones argentinas suelen plantearse como una disputa de todo o nada. El péndulo político se mueve con tanta amplitud que desorienta a los inversores.
La apuesta fallida por Flavio Bolsonaro en la última elección brasileña les costó caro a muchos inversores. Ahora son pocos los dispuestos a asumir grandes riesgos en Argentina. Desde esa perspectiva, parece preferible esperar a que el panorama se aclare antes que adelantarse y exponerse a nuevas pérdidas importantes.
La otra incógnita es si el gobierno estadounidense mantendrá su firme respaldo a Milei a medida que se acerquen las elecciones del año próximo. En 2025 fue decisiva la intervención del secretario del Tesoro, Scott Bessent, que salió a vender dólares para frenar la corrida. Pero nadie sabe si ese apoyo continuará en el nuevo contexto político del año próximo.























