La “carta abierta a la familia del fútbol” emitida de manera conjunta por UEFA, Concacaf y la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) representa un serio revés a sus aspiraciones. Estas tres confederaciones reúnen 136 de las 211 asociaciones con voto en FIFA, es decir, el 64,5%. Si logran unificar esos votos en torno a un solo candidato, alcanzarían la mayoría en un eventual enfrentamiento electoral. Ante esta crisis se ha comenzado a considerar incluso la opción de convocar a un Congreso Extraordinario.
Tras el congreso de Vancouver, 50 de las 55 asociaciones miembros de la UEFA habían respaldado la candidatura de Infantino. Las únicas que no apoyaron fueron Alemania, Rumania, Noruega, Dinamarca y Suecia. Otros países, como Inglaterra, Gales y Serbia, que inicialmente habían expresado su apoyo, han cambiado su postura. Serbia formalizó su respaldo el 25 de mayo y lo retiró el 3 de agosto, mientras que Noruega ya ha pedido abiertamente su dimisión.
Para el 17 de julio, durante el Mundial, más de 200 de las 211 federaciones habían emitido cartas de apoyo. Sin embargo, eventos como la decisión de la FIFA de suspender la sanción impuesta al estadounidense Folarin Balogun tras su expulsión ante Bosnia, lo cual le permitió participar en el siguiente partido contra Bélgica tras una intervención de Donald Trump, junto con la intención de permitir inversiones privadas de hasta un 20% en una nueva entidad comercial relacionada al organismo, han deteriorado las relaciones con las direcciones de tres de las seis confederaciones.
“Cuando la confianza se rompe mediante el engaño, cuando un individuo se coloca por encima del colectivo que le confió la autoridad, ese deber ha sido abandonado”, señala el texto firmado por Aleksander Čeferin, presidente de la UEFA; Salman bin Ibrahim Al Khalifa, titular de la AFC; y Victor Montagliani, presidente de Concacaf. La Asociación Transparencia y Democracia en el Deporte, liderada por el español Miguel Galán, también presentó este lunes una denuncia ante la Comisión de Ética de FIFA en relación a varios episodios de la gestión de Infantino, incluyendo el caso Balogun.
Concacaf también incluye a la federación estadounidense que, aunque no es firmante de la carta del lunes -la cual lleva las firmas de los presidentes y secretarios generales de las tres confederaciones-, se unió a Canadá, la Unión Caribeña de Fútbol y la Unión Centroamericana de Fútbol para exigir “cambios significativos” que fortalezcan la gobernanza, la transparencia y la rendición de cuentas de la FIFA.
La semana pasada, en Rabat, Infantino convocó a una “reunión de crisis” con la cúpula administrativa de la FIFA. En dicho encuentro, se admitieron errores en la gestión del proyecto, se reconoció que el Consejo y las 211 asociaciones podrían haber sentido que estaban excluidos del proceso, y se ofrecieron disculpas mediante una carta, además de ordenar una revisión interna que deberá informarse al Consejo. Sin embargo, no fueron convidados representantes de las federaciones, como la AFA, ni de los miembros del Consejo de FIFA, que incluye a 37 dirigentes: el presidente, ocho vicepresidentes y otros 28 representantes, entre ellos Čeferin, Salman y Montagliani.
A pesar de que las federaciones no siempre votan de manera unificada -por ejemplo, la Federación Mexicana de Fútbol Asociación se distanció de la posición de Concacaf y apoyó a Infantino-, el contexto ha cambiado drásticamente en pocas semanas. El respaldo más firme proviene de África, donde la CAF, con 54 miembros, ratificó unánimemente su apoyo a la reelección de Infantino. El bloque, presidido por Patrice Motsepe, cuenta con dirigentes destacados como el marroquí Fouzi Lekjaa, el egipcio Hany Abo Rida, el nigerino Hamidou Djibrilla y el mauritano Ahmed Yahya.
La Conmebol, la confederación menos numerosa con diez votos (incluyendo a Argentina), continúa apoyando a Infantino. Argentina envió recientemente una carta reafirmando su compromiso de trabajar bajo su liderazgo, al igual que Paraguay, Ecuador y Bolivia. En cambio, Oceanía aún no tiene una postura consolidada, y Nueva Zelanda ha criticado abiertamente el proyecto privatizador de Infantino.
El estatuto de FIFA permite que un mismo presidente ejerza hasta tres mandatos de cuatro años, ya sean consecutivos o no. Infantino asumió el cargo en 2016 y fue reelegido en 2019 y 2023, pero su mandato de 2016-2019 no cuenta dentro del cómputo ya que ocupó el puesto de Joseph Blatter, quien dimitió en medio de un escándalo de corrupción. Si gana nuevamente en 2027, podría ocupar su puesto hasta 2031, lo que implicaría más de 15 años al frente del organismo.
Los posibles candidatos para desafiar a Infantino también deben cumplir requisitos específicos. Deben haber estado activamente involucrados en el fútbol durante al menos dos de los cinco años previos a su postulación, además de conseguir el apoyo escrito de al menos cinco federaciones y pasar el control de elegibilidad de FIFA. Las candidaturas deben presentarse con al menos cuatro meses de anticipación; dado que las elecciones serán el 18 de marzo de 2027 en Marruecos, esto marca el 18 de noviembre como fecha límite.
Infantino permanece como el único candidato en este momento, pero varios nombres están circulando: Victor Montagliani, presidente de Concacaf, evalúa presentarse; Aleksander Čeferin, presidente de UEFA, se ha convertido en su principal adversario; Salman bin Ebrahim Al Khalifa, presidente de AFC, ya fue derrotado por Infantino en 2016; Nasser Al-Khelaifi, presidente del PSG, es visto como una opción por algunos sectores europeos, al igual que Lise Klaveness, presidenta de la federación noruega y crítica activa de Infantino en las últimas semanas.
Otra opción es lograr la destitución de Infantino a través de un Congreso Extraordinario, lo que requeriría el respaldo de al menos el 20% de las 211 federaciones, aproximadamente 43. A pesar de que UEFA podría alcanzar ese número por sí sola con sus 55 asociaciones, necesitaría luego contar con la mitad más uno de los votos para destituir a Infantino, lo que significa incluir aliados de otras confederaciones. Si se obtienen las firmas necesarias, el proceso no sería inmediato, ya que el estatuto establece que el Congreso debe llevarse a cabo dentro de los tres meses siguientes a la solicitud.
En apenas tres meses, Infantino pasó de tener una reelección casi asegurada a enfrentarse a la mayor crisis política de su mandato. Por primera vez, la situación es desfavorable para él, y ahora deberá buscar el apoyo necesario.
























