En una extensa entrevista reciente, Gates denunció que la industria tecnológica minimiza intencionalmente estas amenazas debido a los grandes intereses económicos en juego. “En privado, quienes comprenden el potencial de esta tecnología están realmente preocupados”, señaló. Sin embargo, pocos ejecutivos del sector se atreven a reconocerlo abiertamente, ya que ello podría perjudicar sus involucramientos financieros futuros.
El miércoles, el empresario publicó un ensayo de casi 6,000 palabras en su plataforma personal, en el que compartió sus inquietudes respecto a la IA y sugirió soluciones como la implementación de nuevos impuestos y prohibiciones. Reveló que su apremio por hablar ahora proviene del hecho que las recientes capacidades de la IA han superado sus expectativas, además de que la industria ha ignorado hitos tecnológicos que, en el pasado, él mismo consideró justificables para una mayor cautela.
“Simplemente avanzan a toda velocidad, esperando que las cosas positivas superen a las negativas”, sostuvo.
A sus 70 años, Gates se convierte en uno de los últimos referentes tecnológicos en señalar los peligros de la IA en un momento donde la industria inyecta billones en nuevos centros de datos y las startups de IA se preparan para algunas de las ofertas públicas iniciales más destacadas de la historia.
Su nuevo enfoque se produce tras un período tumultuoso. Este año, la difusión de correos electrónicos del depredador sexual Jeffrey Epstein reavivó el interés por sus interacciones con él. Gates tuvo que retirarse de una conferencia sobre IA en febrero y, en junio, testificó en una audiencia del Congreso durante seis horas. Las revelaciones sobre su infidelidad y su divorcio en 2021 han afectado considerablemente su reputación. Reconoció que esos son todos “errores” que ha cometido.
Mostrándose más dispuesto a retomar su lugar en el debate público, Gates comentó: “Creo que la gente comprende qué hice y qué no, y que aprendo de mis errores”.
Sin embargo, también admitió que podría ser un mensajero imperfecto, dado su considerable patrimonio y su pasado como director ejecutivo de Microsoft, que en el año 2000 fue declarado culpable de abusar de su monopolio. (Gates dejó la junta directiva de Microsoft en 2020).
Si bien evitó nombrar a Microsoft u otras compañías en particular, argumentó que se encuentra en una posición única para abordar la cuestión de la IA. Como tecnólogo con décadas de experiencia en filantropía enfocada en la desigualdad, ya no está impulsado por los incentivos de lucro de gestionar una empresa.
“La ironía de que el ‘amante de la innovación está asustado y dice que no estamos listos y que estamos traspasando barreras’ es realmente elocuente”, expresó. En cuanto a sus experiencias con innovaciones tecnológicas, mencionó que ha sido asombrado en tres ocasiones: al ver una interfaz gráfica de usuario en 1980, al ser presentado a ChatGPT en 2022 y tras observar los desarrollos de Claude Code, la IA de Anthropic.
Gates subrayó que, a pesar de que históricamente cada avance tecnológico ha generado más empleos de los que destruyó, no cree que esta vez suceda lo mismo. Para él, la era de la IA es “rotunda, absoluta, completa y totalmente diferente”. Aunque esta opinión puede ser controvertida en círculos tecnológicos, sostiene que la pérdida masiva de empleo es inevitable si no se toman medidas, dado que la IA se integrará en toda la economía.
Las empresas tecnológicas rivales, incluidas las más grandes, están compitiendo para facilitar a sus clientes corporativos la adopción de la IA, lo que podría desplazar a numerosos trabajadores. Gates observó que las decisiones de estas empresas suelen alinearse con los intereses del mercado, a menudo en detrimento del bienestar social.
Propuso un nuevo gravamen a la IA, un “impuesto a los tókenes”, destinado a encarecer el reemplazo de humanos y a financiar apoyos para quienes pierden su empleo. La implementación de este impuesto ha comenzado a ser considerada, incluso por parte de actores en el sector financiero.
Gates también defendió que ciertos puestos laborales, especialmente aquellos donde la interacción humana es fundamental, deberían estar protegidos de la automatización, a una propuesta que denominó “Reservado para humanos”. Abogó por establecer acuerdos internacionales que definan claras normas para mitigar riesgos severos, como el bioterrorismo.
Expresó su preocupación por la falta de urgencia para abordar esos problemas. Su visión se alinea con la de otros expertos que han alertado sobre los riesgos de la IA, aunque estos han enfrentado respuestas adversas de sectores gubernamentales y de la industria.
Gates manifestó su intención de poner sobre la mesa el tema de la IA en todas sus conversaciones con líderes globales, destacando que a su juicio, es vital que se atienda con seriedad. Su conocimiento y experiencia en la industria informática le otorgan autoridad, pero ahora advierte que los desarrollos tecnológicos que ha contribuido a forjar pueden acarrear riesgos globales.
“No me agrada transmitir malas noticias y reconocer que la innovación puede tener consecuencias negativas”, concluyó.
*Por Karen Weise, periodista especializada en tecnología.























