En total, hay 5,3 millones de personas con atrasos superiores a 90 días sobre un universo de 19,8 millones de deudores, lo que representa un 26,9% del total. El estudio abarca créditos concedidos por bancos, fintech, mutuales, cooperativas, tarjetas de consumo, casas de electrodomésticos y fideicomisos financieros.
La deuda total de las familias en este sistema asciende a $74,2 billones, que equivale al 6,5% del Producto Bruto Interno (PBI). De esta cifra, el 82,4% corresponde a bancos, el 10,1% a fintech y el 7,5% al resto de las entidades.
De los deudores, 14,3 millones poseen al menos un crédito bancario, mientras que 5,5 millones se financian exclusivamente a través de proveedores no bancarios, tales como billeteras virtuales, mutuales o cooperativas. Según Analytica, el crecimiento del crédito fuera del sistema bancario ha facilitado el acceso a financiamiento, aunque también ha dejado a algunos hogares expuestos a condiciones más restrictivas y riesgosas.
El informe revela que la morosidad no impacta de igual forma a todos los tipos de acreedores. Entre quienes solo poseen deudas con bancos, el porcentaje de morosos es del 19,2%, comparado con el 28,9% entre quienes se financian únicamente a través de billeteras virtuales, y supera el 32% entre los que tienen créditos con entidades no financieras.
Además, al analizar el monto de las deudas, se observa que aunque el 26,9% de los deudores enfrenta atrasos, la irregularidad medida sobre el total de créditos es significativamente menor. En los bancos, este porcentaje asciende al 11,9% de la cartera, y en fintech, llega al 21,6%, mientras que en otras entidades, se eleva al 43,1%. Esto sugiere que muchos incumplimientos se concentran en créditos de menor cuantía y en sectores más vulnerables.
Particularmente alarmante es la situación de los jóvenes; la morosidad en el grupo de 18 a 30 años se aproxima al 40%, siendo este el porcentaje más alto entre todos los grupos etarios. La cifra desciende al 34% en quienes tienen entre 31 y 40 años, al 26% entre los de 41 a 50 años y se ubica por debajo del 17% para aquellos mayores de 60 años. Esta brecha resalta cómo los problemas de integración laboral y de ingresos impactan más intensamente en los jóvenes.
Datos del Indec indican que la tasa de desempleo en mujeres de 14 a 29 años aumentó del 13,8% en el cuarto trimestre de 2024 al 16,8% en el mismo período de 2025. Entre los hombres de esa misma franja etaria, el indicador creció del 12,5% al 16,2%, mostrando incrementos de entre tres y cuatro puntos porcentuales en un año, sobre niveles ya superiores a la media de la economía.
“Así, el resultado es una cohorte que enfrenta simultáneamente dificultades de inserción laboral y un historial crediticio deteriorado, lo que puede condicionar su acceso al financiamiento formal por un período prolongado”, señala el informe de Analytica.
Los niveles de ingreso también influyen en esta situación. El estudio revela que los monotributistas de menores recursos presentan los índices de incumplimiento más altos; en la categoría A, que es la más baja, el 17,9% de las personas tiene atrasos superiores a 90 días. Por el contrario, en la categoría K, la de mayor facturación, ese porcentaje desciende al 8,5%.
Asimismo, el informe destaca significativas disparidades geográficas en cuanto a la morosidad. Las provincias del norte registran los niveles más altos de incumplimiento, mientras que la Ciudad de Buenos Aires muestra los más bajos. Esta variabilidad también se observa dentro de la misma jurisdicción; por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires, más del 30% de los deudores del conurbano presenta atrasos, frente al 23,1% en otras partes de la provincia.
El aumento en los índices de morosidad se produce en un momento donde el crédito es visto como una de las estrategias clave del Gobierno para fortalecer la actividad económica. Se espera que el alivio en la inflación y una recuperación gradual del poder adquisitivo incentiven el financiamiento a las familias y, por ende, el consumo. Sin embargo, diversos informes privados indican que este proceso avanza lentamente.
Un análisis de Econviews subraya que el financiamiento otorgado por proveedores no financieros también ha empezado a disminuir en los últimos meses, tras un fuerte auge en 2024 y principios de 2025. La consultora señala que este fenómeno se debe al menor margen de endeudamiento de los hogares, el aumento de la morosidad y la erosión que la inflación sigue causando en los ingresos reales. Además, enfatiza que las tasas de interés de estos proveedores son significativamente más altas que las bancarias, ya que en los préstamos personales superan, en promedio, el 140% nominal anual.
Por otro lado, la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia advierte que los préstamos bancarios en pesos a las familias han acumulado una caída real del 6% entre enero y mayo. Este informe remarca que la volatilidad en las tasas de interés, el incremento de la irregularidad en la cartera y la mayor cautela de las entidades financieras frente a la deterioración de los indicadores crediticios están restringiendo la expansión del crédito hacia el sector privado.
Para 1816, el crecimiento de la morosidad representa un desafío adicional para la recuperación del crédito. La consultora alertó que muchos deudores quedarán temporalmente excluidos del sistema financiero, lo que podría limitar la capacidad de financiamiento como motor relevante de la actividad económica en los próximos meses.
























