Estas cifras, divulgadas por la Tesorería General de la Nación, provienen de la diferencia entre los gastos devengados en distintos rubros, como bienes o servicios, y lo que efectivamente fue desembolsado por la tesorería cada mes.
La situación había levantado alarmas en marzo al registrar un incremento del monto de $1,97 billones a más de $4 billones a finales de febrero. Este aumento, que durante la gestión de Milei se había considerado un patrón marginal, planteaba el riesgo de comprometer los esfuerzos del gobierno libertario por mantener el equilibrio fiscal a través de recortes significativos en el gasto.
Las cifras de abril, publicadas hoy, respaldan las expectativas de economistas y analistas de que la acumulación de esta ‘deuda flotante’ disminuiría, contrarrestando un crecimiento en marzo relacionado con giros pendientes a fondos como el del transporte, que canaliza subsidios a empresas prestadoras, y a pagos de energía.
De acuerdo con los informes de la Tesorería, los pasivos pendientes descendieron de $4,04 billones en marzo ($4.044.758,20 millones) a $2,67 billones en abril ($2.665.505), interrumpiendo una racha de aumentos que duraba cuatro meses.
Así, el total de pasivos exigibles de la administración central se redujo tanto en términos reales en comparación interanual respecto al mismo mes del año pasado, como en el acumulado del primer cuatrimestre, según las proyecciones del analista Salvador Vitelli, de Romano Group.
“En el monto mes contra mes, la deuda flotante cae 33%, pero si se desestacionaliza, el total desciende alrededor de un 20%. El mes pasado, el aumento observó más del 100% en pesos, pero al desestacionalizar, era en torno del 30%. Los últimos números confirman que el crecimiento de marzo estuvo influenciado por estacionalidad, que suele disminuir en los meses siguientes,” explicó Vitelli.
“No es algo que sea preocupante en este momento o que sugiera que los números fiscales están siendo manipulados. Aunque en abril el superávit fue un poco más reducido, el Gobierno ha estado cancelando deuda. Y si antes esta deuda restaba del superávit mensual, hoy habría que considerarla como un ingreso. No se percibe un cambio significativo en esta tendencia,” subrayó el analista.
El aumento de la deuda pública había suscitado inquietudes entre analistas sobre la situación fiscal, la caída en los ingresos y la dificultad para continuar recortando el gasto. Luis Caputo había señalado semanas atrás que “seguir generando superávit a través de ajustes ya es muy complicado.”
En abril, los datos de ARCA mostraron una disminución del 3,8% en la recaudación impositiva en términos reales (aumentó un 27,2% en términos nominales), marcando así nueve meses seguidos de contracción en los ingresos fiscales por impuestos.
Esta tendencia fue afectada por caídas reales en impuestos relacionados con la actividad (IVA, impuestos internos, seguridad social), la reducción de las alícuotas por retenciones (derechos de exportación) y la caída en la recaudación por derechos de importación, también relacionada con el estancamiento en la actividad económica.
Al mismo tiempo, el Gobierno anunció que en abril registró un superávit primario de $632.844 millones (antes del pago de intereses de deuda) y celebró cuatro meses consecutivos de resultados positivos en las cuentas públicas. En el acumulado del primer cuatrimestre, el superávit se estima en aproximadamente el 0,5% del PBI.
























