Este ranking privado se elabora en un contexto donde sectores como el agro, la minería, la energía y los bancos experimentan un crecimiento impulsado por políticas liberales, mientras que la construcción, el comercio y la industria enfrentan desafíos significativos. Esta fragmentación sectorial tiene repercusiones regionales, con provincias de áreas rurales y cordilleranas mostrando un panorama más alentador que los grandes centros urbanos, donde se concentra la industria.
La Unión Industrial Argentina (UIA) reveló en su encuesta de junio que el 38% de las empresas consultadas reportaron una caída en su producción durante el mes de abril, en comparación con el promedio del primer trimestre. También se registraron descensos en ventas y empleo. Un informe del think tank Misión Productiva, basado en datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), indica que casi el 60% de los sectores productivos privados eliminaron empleo registrado entre noviembre de 2023 y febrero de 2026, lo que equivale a 554 de las 948 actividades analizadas por la SRT que redujeron su plantilla.
En este contexto, la consultora Empiria, presidida por el exministro de Economía Hernán Lacunza, presentó un ranking provincial que clasifica las 24 provincias según su desempeño productivo. “Clasificamos según cuatro atributos: capacidad productiva, tamaño de mercado, atracción de inversiones y presión impositiva”, explicó Bautista Santamarina, economista de Empiria.
El atributo relacionado con el “Tamaño de Mercado” se vincula estrechamente con la actualidad, al considerar variables que afectan las economías provinciales en este momento. La “Capacidad Productiva” incorpora el Producto Bruto Geográfico, exportaciones, número de empresas y empleo como indicadores de la capacidad productiva de las provincias. Por su parte, “Atracción de Inversiones” evalúa dónde se están realizando las inversiones y también considera el nivel educativo como un indicador de capital humano. La “Presión Impositiva” se refiere a la tasa de ingresos brutos en cuatro sectores, lo que permite determinar dónde resulta más costoso o económico producir. Estos aspectos fueron ponderados de la siguiente manera: 40% para Capacidad Productiva, 30% para Tamaño de Mercado, 20% para Atracción de Inversiones y 10% para Presión Impositiva.
La Ciudad de Buenos Aires se posiciona como líder del ranking productivo general, destacándose en casi todos los atributos. Se sitúa en primer lugar en capacidad productiva con un Producto Bruto Geográfico per cápita de $38.000 millones, un 43% de empleo privado de la población y 39 empresas cada 1.000 habitantes. En cuanto a tamaño de mercado, ocupa el tercer puesto con una alta densidad poblacional y un salario medio de $3,3 millones, junto a una infraestructura destacada con un 16% del presupuesto público en obras y el más alto nivel educativo promedio en el país.
“Neuquén se posiciona en segundo lugar”, señalaron. Esta provincia se beneficia especialmente de su atractivo para la inversión, con US$36.953 millones en el RIGI y un alto número de permisos de construcción. Asimismo, tiene una capacidad productiva elevada, con un PBG per cápita de $39.000 millones, 11 empresas cada 1.000 habitantes y exportaciones per cápita de US$6.451 millones. Los autores del informe, que incluyen a Santamarina y Lucas Tettamanti, destacaron que este resultado se alinea con el crecimiento de los últimos años, asociado al desarrollo de Vaca Muerta y a la dinamización de la industria hidrocarburífera, posicionando a Neuquén como el principal destino de inversión del país.
Buenos Aires ocupa la tercera posición, a pesar de ciertas debilidades estructurales en su capacidad productiva (décimo lugar, con un PBG per cápita de $11.000 millones y un 38% de empleo privado) e inversiones (en el puesto 18, con solo 7% de su gasto en obra y por debajo de la media en permisos de construcción). No obstante, su notable posición se debe a ser la primera provincia en el atributo de tamaño de mercado, al concentrar el 39% de la población nacional, lo que refleja el peso de su mercado interno, liderando las ventas de supermercados con $749.000 millones y la demanda de energía eléctrica industrial con 16.971 millones de MWh.
En términos de atracción de inversiones, después de Neuquén destacan Río Negro y San Juan, que concentran proyectos de gran envergadura en hidrocarburos y minería, con inversiones en el RIGI de US$19.589 millones y US$25.029 millones, respectivamente. Sin embargo, la inversión pública en infraestructura varía notablemente entre ambas: 13% para San Juan frente a un 4% en Río Negro. Las tasas de Ingresos Brutos más bajas se registran en Mendoza (líder con 1% para Industria), seguida por Formosa, Chaco y la Ciudad de Buenos Aires. Esto indica la necesidad de que Formosa y Chaco consideren esfuerzos para reducir la carga tributaria en provincias rezagadas desde el punto de vista productivo, compensando así las carencias en desarrollo e inversión.
El ranking aborda doce variables agrupadas en cuatro atributos, evaluando el grado de desarrollo productivo (oferta), tamaño de mercado (demanda), nivel de inversión y presión impositiva provincial. Dentro de la “Capacidad productiva” se considera el Producto Bruto Geográfico (per cápita), el porcentaje de empleo privado respecto de la población total, el nivel educativo promedio de los ocupados, el número de empresas cada 1.000 habitantes y las exportaciones per cápita en dólares. En el apartado de “Tamaño de mercado” se incluyen el salario medio, las ventas totales de supermercados y la demanda total de energía industrial; en la “Atracción de inversión” se analizan los proyectos RIGI presentados por cada provincia, los permisos de construcción estandarizados por metro cuadrado y el gasto en obras del gobierno provincial (como porcentaje del gasto total); y en “Presión impositiva” se comparan las alícuotas medias de sectores como intermediación financiera, industria manufacturera, construcción y comercio, tal como han desarrollado en Empiria.
“Con el objetivo de resolver la heterogeneidad en las unidades de medida de las variables, estandarizamos los valores, restando la media y dividiendo por la dispersión, lo que posibilita contar con una calificación cardinal más allá de una simple ordinal, para sumar en un índice agregado”, añadieron sobre la metodología empleada.
“El cambio en la estructura productiva genera un impacto sectorial desigual, beneficiando a sectores como el agro, la energía, la minería y los bancos, mientras relega a la industria manufacturera, el comercio y la construcción. Dadas las características geográficas de estas provincias, las diferencias productivas tienen efectos regionales: en términos generales, las provincias rurales y cordilleranas tienen un panorama más favorable en comparación con los grandes centros urbanos, donde la densidad de sectores con dificultades es mayor”, expusieron desde la consultora de Lacunza.
“El cambio estructural pone de manifiesto las ineficiencias de una economía altamente regulada y de escaso comercio internacional—la sexta economía más cerrada entre 136 países—. La transición hacia un modelo más abierto redistribuye recursos de sectores ineficientes a aquellos con ventajas comparativas, aunque este proceso no es lineal ni exento de costos en términos sociales, demográficos y laborales”, concluyeron.
























