“No importa el valor o con qué nos puedan ayudar, sino la cantidad de personas, instituciones, empresas o clubes que quieran colaborar. El instituto fue, es y será siempre importante para la salud pública porque es el único hospital universitario dedicado solamente al tratamiento de pacientes con cáncer, con experiencia profesional reconocida y, también, con muchas necesidades”, comentó Roxana Del Águila, directora general del instituto, el cual depende de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Un recorrido por las instalaciones revela, una vez más, los marcados contrastes que enfrenta el hospital: a pesar de contar con una larga lista de urgencias en sus 13 pabellones, el personal se muestra emocionado al resaltar los avances en la atención a sus pacientes. Aprecia logros como la implementación de braquiterapia (irradiación tumoral interna) con un sistema de planificación 3D, la incorporación el año pasado de una torre de endoscopía para mejorar los diagnósticos y tratamientos de diversos tipos de cáncer, y la ampliación de la guardia, además de donaciones espontáneas de pañales, sillas para la sala de espera y el retapizado de sillones para los pacientes que reciben tratamientos ambulatorios.
El primer punto de interés desde la entrada por la avenida San Martín es el búnker de radioterapia, donde se observa la urgente necesidad de renovación: el equipo de radioterapia se encuentra fuera de servicio desde hace un año y el costo de un nuevo acelerador lineal asciende a aproximadamente US$2 millones. En este momento, el instituto considera que resulta más viable dejar de intentar reparar un equipo que ya ha quedado obsoleto, que hace difícil la obtención de repuestos y cuya reparación se ha estimado en unos US$400.000. En esta sala, reconocida por tantos pacientes tratados, todo está cubierto desde mayo pasado. “Es un equipo que trabaja todo el día”, explican los profesionales. La vida útil promedio de este tipo de equipos es de tres años, sin embargo, este han sido utilizado por diez, con reparaciones y fallas cada vez más frecuentes.
Entre las necesidades que las autoridades han enumerado está la adquisición de un segundo tomógrafo, lo cual permitiría atender mejor la demanda incesante de pacientes, tanto con cobertura como sin ella. La actualización anual del software del nuevo equipo de braquiterapia tiene un costo aproximado de $8 millones; a cambio, el proveedor alemán proporciona los códigos de operación necesarios. El aparato que se utiliza en el área de Dermatología también requiere esta actualización.





























