Factores como el agua, el suelo resbaladizo de la bañera o el ruido del secador pueden generar incomodidad. Por ello, la especialista destaca que los refuerzos positivos son fundamentales para hacer que la higiene resulte más llevadera.
González indica que es fundamental enseñar a los perros a tolerar el baño de forma gradual y mediante sesiones breves. El primer paso consiste en familiarizarlos con el entorno del baño, permitiendo que pasen tiempo allí, jueguen o reciban caricias mientras el agua corre, pero sin ser mojados. Es importante distinguir entre el sonido del agua y la experiencia de entrar en la ducha, sentir el agua en sus patas y esperar el momento de ser enjabones. “Tenemos que hacérselo lo más fácil posible y en tandas muy cortas”, subraya la profesional.
Posteriormente, se debe facilitar su acceso a la bañera o ducha, pudiendo utilizar una escalera que les permita subir y bajar con seguridad. Dentro del espacio, las alfombras antideslizantes son esenciales para evitar caídas y el consiguiente susto.
“La etapa del secado también es crucial. Se puede realizar con un secador o una toalla, aunque el secador produce un ruido intenso; ellos son mucho más sensibles a los sonidos que nosotros. Si se utiliza el secador con aire caliente en su rostro, se convierte en una experiencia aterradora”, aclara González.
Aconseja habituarlos al uso del secador poco a poco, comenzando por usarlo a distancia mientras el perro se divierte o mastica algo, y acercándolo lentamente a áreas menos sensibles, como la parte posterior de su cuerpo.
Es esencial avanzar con precaución y nunca forzar la situación, para evitar que el perro asocie el baño con miedo o incomodidad.
La frecuencia de los baños depende del tipo de perro, su nivel de actividad y el aseo diario que reciba. Según la veterinaria, para un perro promedio que sale a la calle y ocasionalmente visita la montaña, un baño cada dos o tres meses es suficiente, siempre que se le cepille regularmente y se le limpien las patas después de cada salida.
Además, González recomienda optar por productos de calidad de uso veterinario y evitar fragancias intensas, dado que los perros tienen un sentido del olfato mucho más agudo que el de los humanos. Lo ideal es elegir productos neutros que no resulten molestos para los animales.


























