Sztajnszrajber expuso que, según Aristóteles, la verdad surge de una relación de correspondencia. “Decir de lo que es, que es, y de lo que no es, que no es, es verdadero. Ahora, decir de lo que es, que no es, y de lo que no es, que es, es falso”.
Lo innovador de esta afirmación, según el filósofo, radica en que Aristóteles otorga prioridad al verbo “decir”, estableciendo un vínculo directo entre el lenguaje, el pensamiento y la realidad objetiva: “Tiene que haber correspondencia entre lo que digo, lo que pienso y lo que hay. Lo interesante de esta relación de correspondencia es que Aristóteles la primera palabra que usa es decir, porque en definitiva la verdad tiene que ver con esa conexión entre el lenguaje o el pensamiento”, enfatizó.
Este enfoque tradicional se enfrenta a un contexto actual marcado por la posverdad, donde la validación de opiniones subjetivas a menudo suplanta la verificación empírica. En este sentido, Sztajnszrajber alertó sobre cómo la definición aristotélica se contradice con las dinámicas contemporáneas en el ámbito informativo.
“¿Quién puede salir a la realidad, o sea, salirse de uno mismo para comprobar objetivamente que algo es como es?”, inquirió, sugiriendo que las grandes verdades históricas siempre han estado enmarcadas dentro de sus respectivos paradigmas culturales y sociales.
El filósofo también indicó una diferencia entre las verdades cotidianas, que están relacionadas con la utilidad práctica, y aquellas verdades filosóficas que buscan un sentido más profundo: “Las verdades cotidianas son verdades que implican una utilidad directa. Tipo, prendo la canilla, sale el agua. Ahí hay una verdad a partir de una ejecución mecánica, de una manualidad. Yo qué sé, prendes la canilla, sale el agua, prendes la luz, la luz se prende”.
En este orden de ideas, la filosofía actúa como un mecanismo de “descentramiento” frente a la primacía de lo útil, un valor que Sztajnszrajber identifica como una presión que nos exige rendir constantemente en todos los aspectos de la vida.
“Cuando uno incursiona en la filosofía, por ahí es otro tipo de verdad la que uno está de algún modo buscando. Es una verdad, si querés, más ontológica, más, digamos, como sentido general” relató el especialista, y añadió: “Las verdades cotidianas, incluso las verdades científicas, están más preocupadas por el cómo. Justamente por el buen funcionamiento de las cosas. Ahora, una cosa es que la cosa funcione y otra cosa es que sea verdadera. Y ahí es como para discutir qué buscamos en nombre de la verdad. Lo podés asociar a un propósito existencial, si querés, más trascendente.





























